El negocio del cava vive días de mudanza. El progresivo goteo de marcas familiares que optan por desvincularse del control que ejerce el Consejo Regulador y las operaciones de venta que implican a bodegas legendarias, como Freixenet y Codorníu, ponen al sector en una situación reputacional insólita. Justo cuando el escenario comercial está repleto de incertidumbres, con la guerra arancelaria sumando tensión a la feroz competencia del mercado de los espumosos, la marca cava tiene que lidiar con debates internos que azuzan rivalidades y causan más dolores de cabeza que brindis de celebración. Esta semana se harán públicos los resultados de ventas de 2025, con el recuerdo de que el último balance público reflejó una caída del 13%. La tendencia choca con los números divulgados por Corpinnat, el grupo de productores díscolos que se desmarcan del Consejo Regulador del Cava y que, tras reportar un aumento de las expediciones del 34,8% y un repunte de la facturación del 27%, identifica el año 2025 como “un punto de inflexión” sin vuelta atrás.Seguir leyendo