El viejo castillo de Escalona lo estaba gritando. La torre que se derrumbó el sábado 14 de marzo a eso de las diez y media de la mañana había estado de pie, vigilante, ocho o nueve siglos. Pero hagamos números. Redondos, que soy de letras. Supongamos –con prudencia– unos cuarenta días de lluvia al año en esa tierra manchega. Multipliquemos por mil años. Cuarenta mil jornadas de lluvia golpeando la piedra. Añadamos heladas, inundaciones, guerras, abandono, saqueos, siglos de descuido y polvo bajo sus correspondientes cuarenta mil días de lluvia. Y la torre siguió en pie. Resistió a reyes, guerras, generaciones enteras que nacieron y murieron bajo su sombra. Resistió incluso al olvido, más letal que la pólvora. Pero entonces... Ver Más