Por primera vez en milenios, las lenguas no se dispersan: convergen. La globalización, la hegemonía del inglés y la desaparición acelerada de idiomas minoritarios dibujan un escenario inesperado. El mundo avanza hacia una lengua común y un alfabeto casi universal. Y la historia de Babel empieza a contarse al revés, como si las palabras estuvieran regresando a un mismo origen.