Instagram y YouTube, en el banquillo por su diseño adictivo: el juicio que puede cambiar las redes sociales

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En los últimos años se ha hablado hasta el hartazgo sobre los efectos de las redes sociales sobre la salud mental de las personas, especialmente de los adolescentes. El scrolling (y doomscrolling) en Instagram, TikTok o YouTube lleva bastante tiempo en el punto de mira por su componente adictivo, enganchando a los usuarios con contenidos que pueden resultar dañinos. Y un juicio histórico en Estados Unidos puede cambiar estas plataformas para siempre.Meta y Google son protagonistas de un juicio iniciado con la demanda de una joven de 20 años llamada Kaley, quien sostiene que Instagram y YouTube han arruinado su salud mental y física desde muy temprana edad. La demanda original también incluía a Snapchat y TikTok, pero estas llegaron a acuerdos extrajudiciales.El caso ha ganado tremenda notoriedad por tener la participación de ejecutivos de primer nivel. Tales los casos de Adam Mosseri, el jefe de Instagram, y el propio Mark Zuckerberg, fundador y CEO de Meta. Asimismo, la historia de Kaley (cuya identidad completa no se ha revelado públicamente para proteger su privacidad) ha permitido darle visibilidad a un caso que lejos está de ser único.Según reporta BBC, existen más de 2.000 demandas similares contra redes sociales, acusándolas de ser adictivas por diseño y de provocar daños graves en la salud mental de los más jóvenes. Sin embargo, es la primera vez que plataformas como Instagram o YouTube son llevadas a juicio por una denuncia de este tipo.Instagram y YouTube enfrentan un juicio histórico en Estados UnidosLo que se está debatiendo en el juicio contra Meta y Google no es si Instagram, YouTube y otras redes sociales son adictivas o no. Como dijimos al comienzo, en los últimos años se ha investigado y estudiado el tema, con múltiples expertos ofreciendo pruebas de la toxicidad de las plataformas en cuestión. Lo que sí se está poniendo en discusión es si las tecnológicas detrás de estos servicios los han hecho adictivos por diseño.En su testimonio, Kaley afirmó haber llegado a pasar 16 horas de un día en Instagram. La joven sostuvo que empezó a usar YouTube a los 6 años, y que llegó a la red social de Meta a los 9. Según su exposición, Instagram nunca le impidió su uso a pesar de estar por debajo de su límite etario de 13 años.La susodicha explicó que empezó a crear cuentas alternativas para impulsar el conteo de likes de su perfil primario. También reveló sentirse insegura y fea al no lograr más "me gusta" en sus publicaciones, mientras que en el caso de YouTube también dijo quedar "enganchada" a la plataforma por la función de reproducción automática de vídeos.Según se reveló en el juicio, el caso de Kaley también involucra situaciones de daños físicos, trastorno dismórfico corporal y diagnósticos de depresión y ansiedad. El equipo legal de Meta sostiene que sus problemas de salud mental no los causó Instagram, sino su situación familiar. No obstante, la joven afirma que no había padecido nada similar antes de comenzar a interactuar con este tipo de plataformas.Consultado por Kaley en el juicio, Mosseri calificó su situación como "problemática", pero evitó hablar de adicción. Zuckerberg defendió sus plataformas y remarcó que no admiten a menores de 13 años, y que expulsan a los que encuentran infringiendo sus políticas. Aunque también reconoció que no eran perfectos.A la espera del veredictoEs un hecho que la Sección 230 de la Ley de Decencia en las Comunicaciones, que generalmente protege a las redes sociales, no aplica aquí. Lo que el juicio busca determinar no es si Instagram y YouTube son adictivas, sino si se diseñaron intencionalmente para ser adictivas. Si se determina lo último, se lo podría considerar como un "diseño defectuoso". Por ende, sus responsables podrían quedar atados a obligaciones de seguridad idénticas a las de cualquier otro producto que se fabrique en la actualidad. El veredicto del juicio que involucra a Instagram, YouTube y sus empresas matrices todavía no tiene fecha. Aunque se espera una definición posiblemente para el verano norteamericano.Seguir leyendo: Instagram y YouTube, en el banquillo por su diseño adictivo: el juicio que puede cambiar las redes sociales