Love Story: John F. Kennedy Jr. y Carolyn Bessette de Disney+, comienza por un punto incómodo: hablar sobre el poder. Mucho más, analizar cómo la poderosa familia Kennedy es parte no solo de la historia de su país, sino del mundo. A partir de ahí, el polémico Ryan Murphy establece un punto complicado. Lo que ocurre en el emblemático clan pasa a formar parte de la cultura y la sociedad casi de manera automática. Más complicado todavía: se vuelve una forma de analizar los errores y virtudes de nuestra época. Por lo que la trama comienza por profundizar en ese punto: los Kennedy son un producto cultural cuidadosamente empaquetado. Durante décadas, su imagen ha sido moldeada como si fuera un producto por la prensa, las revistas del corazón y la política. También, por el mito que rodea a la familia, considerada maldita, icónica, legendaria y monstruosa según quién cuente la historia. Por lo que Love Story: John F. Kennedy Jr. y Carolyn Bessette se meten de lleno en la idea de que la poderosa familia vive a través del impacto. Así que recuerda que, a través de las décadas, las bodas, nacimientos y funerales de los Kennedy han sido parte de la memoria colectiva. Pero también recuerda que esa supuesta intimidad forzosa es, en realidad, una construcción impecable. Nada de ahí es espontáneo. Todo parece coreografiado para alimentar una mitología que mezcla glamour con tragedia, como si ambas fueran inseparables. Por lo que la historia de amor entre el heredero y su trágico final parece solo el capítulo más singular de su barroca historia. Un giro idóneo para que Ryan Murphy dé su opinión del tema. Un cuento de hadas moderno y sofisticado Por lo que la primera escena es simple, casi trivial, pero es toda una declaración de intenciones. Carolyn Bessette-Kennedy (Sarah Pidgeon) está sentada en un salón de belleza, intentando elegir un color de esmalte mientras, afuera, un grupo de fotógrafos la acecha. La luz de los flashes se filtra por las ventanas como si fuera una tormenta artificial. No hay calma, sino solo un zumbido constante que convierte el momento en algo opresivo. Ella observa sus manos recién arregladas y decide cambiarlo todo por un tono neutro, por temor a lo que se pueda publicar. Ese gesto mínimo lo dice todo: incluso lo más insignificante ha dejado de pertenecerle.A partir de ahí, la historia retrocede varios años, a una etapa donde Carolyn aún no era un objetivo ambulante de los fotógrafos y la curiosidad pública. Antes de que su vida se convirtiera en un espectáculo por ser parte de la vida de John F. Kennedy Jr. (Paul Anthony Kelly). Para la ocasión, Ryan Murphy imagina a su heroína como la típica chica trabajadora de la ciudad. Así que ella construye su camino dentro de Calvin Klein, moviéndose con disciplina y precisión. Una Carrie Bradshaw (y la referencia es obvia) destinada a un futuro triunfante. Él, por su parte, lidia con el peso de su apellido mientras intenta aprobar el examen de abogacía. Love Story: John F. Kennedy Jr. y Carolyn Bessette indagan no solo en el peso del apellido que John lleva a cuestas, sino en la forma en que sabe cómo se le percibe. Ryan Murphy tiene en cuenta la idea de que el trágico personaje de la vida real era considerado un príncipe laico. El hijo de una larga línea de hombres poderosos, destinado a ocupar un lugar en la historia estadounidense. Y como es habitual en las producciones del creador, todo se analiza desde lo exagerado, lo ruidoso y lo decadente. Una historia de amor contada desde la cultura pop Love Story: John F. Kennedy Jr. y Carolyn Bessette no plantean su romance a través del amor. O no exclusivamente. De modo que comienza por establecer que su pareja solo tiene un punto en común. La autoexigencia. Sin embargo, cuando finalmente coinciden, esa aparente compatibilidad de ser autocríticos y estar obsesionados con la opinión pública se transforma en fricción. De hecho, en un giro curioso, ambos no parecen destinados a congeniar. Y la serie no se apresura a resolver esa tensión; la deja crecer, incómoda, como una grieta inevitable.Pero cuando la relación entre Carolyn y John finalmente despega, la serie se toma su tiempo para usar múltiples clichés del manual de romance sofisticado. Murphy le da una segunda lectura a este amor pasado por cámaras y primeros titulares de periódico que resulta intrigante y aterrador. La pareja puede parecer idílica, pero sabe que la observan y forma parte del mundo político y cultural. De modo que mucho de su romance de altos vuelos también es una puesta en escena. Una especie de performance que ella, ávida de triunfo, y él, consciente de su lugar en la historia, plantean a la perfección. Claro está, y como cualquier romance que se precie, la química entre Pidgeon y Kelly es imprescindible. Algo que la trama tiene en cuenta y que explota con habilidad. No se trata de un romance idealizado, sino de uno que se siente constantemente observado, como si cada emoción tuviera testigos invisibles. A medida que avanzan los episodios, la relación se vuelve más física y volátil. En especial, porque Ryan Murphy sabe qué punto tocar para que Love Story: John F. Kennedy Jr. y Carolyn Bessette, tan interesantes como polémicos. Un caso de estudio sobre la obsesión por las celebridades en clave de amor destinado al fracaso.Las mujeres que sostienen el relatoFX's Love Story: John F. Kennedy Jr. & Carolyn Bessette -- "Battery Park" -- Season 1, Episode 5 (Airs Thurs., February 26) -- Pictured: (l-r) Sarah Pidgeon as Carolyn Bessette, Paul Anthony Kennedy as John F. Kennedy Jr. CR: FXMucho más interesante resulta la forma en que la serie explora el círculo inmediato de sus protagonistas. Caroline Kennedy (Grace Gummer) se convierte en símbolo del linaje y Murphy, con su habitual exageración, la imagina como un faro en la tormenta. La forma en que el personaje indaga en el apellido familiar está marcada por una incomodidad constante. En particular, porque el guion se toma el tiempo de analizar el peso de un legado que le lleva esfuerzo sostener.Por otro lado, Jacqueline Kennedy Onassis (Naomi Watts) es en la ficción una figura en declive físico, pero con una lucidez emocional inquietante. Watts construye un personaje que observa más de lo que habla y que, en especial, es un contrapeso formidable a la sobriedad de Caroline. Su interés en la vida sentimental de su hijo no responde a una curiosidad maternal convencional, sino a algo más estratégico. Quiere entender cómo esa relación encaja dentro del relato familiar. De hecho, la Jacqueline de Ryan Murphy no es la figura esquiva y fría, sino un centro de poder que recuerda a los Kennedy como centro del mundo. Una historia con estilo propioPero si algo sorprende de la serie, es el hecho de que, alejándose del escándalo, está más interesada en reflexionar sobre el amor contemporáneo de lo que podría pensarse. Considerando que se trata de un proyecto de Ryan Murphy, se podría esperar un enfoque más excesivo o directamente vulgar. Pero ocurre lo contrario. Y por sorprendente que parezca, este romance elegante lleno de momentos históricos es uno de los trabajos más comedidos del productor.Quizás por eso, a medida que la historia avanza hacia su desenlace, la serie evita caer en el espectáculo fácil. El destino de Carolyn y John es un dato trágico, pero la trama no se recrea en lo que ocurrirá y es un hecho público. Antes que eso, quiere contar lo que pasó más allá del terreno resbaladizo de ser noticia, un chisme de sociedad y un titular de primera plana. Algo que logra con elegancia e inesperada sensibilidad. Seguir leyendo: De qué va ‘Love Story: John F. Kennedy Jr. y Carolyn Bessette’, la serie de Ryan Murphy que se ha convertido en un éxito muy polémico