Netanyahu aspira a que la guerra de Irán le salve en año electoral

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La carrera política, el legado y la libertad personal del primer ministro israelí corren peligro ante la inminente investigación sobre el ataque de Hamás del 7 de octubre en 2023ANÁLISIS — La agenda energética oculta de Israel en el Golfo Los misiles iraníes han matado al menos a 15 personas en Israel y herido a muchas más durante las tres primeras semanas de la guerra desencadenada por Israel y EEUU. Esto incluye a los 200 que resultaron afectados por los ataques nocturnos cerca de una instalación nuclear en el sur del país. Pero el apoyo público a la guerra no ha descendido en el país israelí. Una abrumadora mayoría de los israelíes judíos respalda la decisión de iniciar el conflicto; el Instituto Israelí para la Democracia sitúa el apoyo en más del 90% en dos encuestas realizadas desde el 28 de febrero, cuando comenzaron los bombardeos. Pese al constante sonido de las sirenas antiaéreas, el cierre de escuelas, la cancelación de vuelos o las advertencias de que la campaña podría durar semanas, más de la mitad de los participantes en el sondeo también manifestaron que querían que EEUU e Israel continuaran bombardeando Irán hasta que cayera su Gobierno. La oposición ha dejado a un lado la campaña de las elecciones parlamentarias previstas para este otoño y ha apoyado la decisión de atacar a Irán en lo que es una muestra casi unánime de unidad nacional. Vuelta a las urnas tres años después Las elecciones de este año serán las primeras en las que los israelíes podrán evaluar al Gobierno desde el comienzo de la guerra contra Gaza que siguió a los ataques de Hamás del 7 de octubre de 2023. Netanyahu dejó estupefactos a sus aliados políticos tanto como a sus rivales por aferrarse al poder aquel día, el más sangriento en la historia de Israel. Se resistió a asumir la responsabilidad por el fallo de la seguridad, incluso cuando la práctica total de los principales responsables políticos, militares y de inteligencia en aquel momento pidieron disculpas y dimitieron. Aunque ha conseguido mantener unida, pese a las disputas internas, a la coalición gobernante, las encuestas de opinión no han cambiado y siguen señalando que no podrá mantener el poder. Muchos israelíes creen que Netanyahu consideraba que derrocar al régimen iraní, o debilitar su capacidad militar, era su mejor oportunidad para convencer a los votantes de que reconsideraran su legado, a pesar de que la guerra de 12 días contra Irán de junio de 2025 tuvo un impacto mínimo en su popularidad. “Para Netanyahu, el camino a las urnas pasa por Washington y Teherán”, declaró un ministro cercano a Netanyahu al periódico Haaretz poco antes del inicio de la guerra. “Dio por hecho que destruir el eje del mal iraní rehabilitaría su imagen tras el 7 de octubre”, señaló. Benjamin Netanhayu (en el centro de la imagen, con gafas de sol) examina los estragos del ataque iraní en Dimona. Ese convencimiento generalizado está detrás de las preguntas sobre las intenciones de Netanyahu poco después de que las primeras bombas cayeran sobre Teherán. La columnista del periódico Yedioth Ahronoth Sima Kadmon se preguntó si la guerra respondía a “una necesidad de seguridad o a una necesidad de coalición”. La mayoría de los israelíes no compartieron ese escepticismo. Cuando Netanyahu declaró que había atacado Irán para eliminar una “amenaza existencial”, la mayoría le creyó, aunque no modificaran su intención de voto, según Dahlia Scheindlin, investigadora de la opinión pública con sede en Tel Aviv. “Uno de los datos más importantes para mí es que, en junio de 2025, casi dos tercios de los israelíes creían que había actuado por motivos de seguridad verdaderos”, afirma. “Esto marca la diferencia, dado que durante los dos años posteriores a los ataques del 7 de octubre se pensó que estaba tomando decisiones estratégicas importantes sobre la guerra de Gaza por motivos políticos”, explica Scheindlin. El rechazo político a la guerra dentro de Israel ha venido principalmente de ciudadanos palestinos residentes en el país o de personas sin vínculos políticos previos, como Jonathan Shimriz, un candidato que se presenta por primera vez. Lo que está claro es que no hay oposición. ¿Acaso alguien sabe cuándo terminará la guerra de Gaza? ¿Alguien sabe por qué entramos en ella? ¿Acaso alguien se hace preguntas? Jonathan Shimri — Candidato opositor El hermano de Shimriz fue uno de los rehenes capturados por Hamás el 7 de octubre y murió por los disparos de las fuerzas israelíes en Gaza. Decidió entrar en política tras fundar un movimiento popular de apoyo a las familias que perdieron a sus seres queridos en los ataques. “Lo que está claro es que no hay oposición”, dijo en una publicación en redes sociales. “¿Acaso alguien sabe cuándo terminará la guerra? ¿Alguien sabe por qué entramos en ella? ¿Acaso alguien se hace preguntas?”, planteó. El triunfalismo israelí contrasta ostensiblemente con la visión de la guerra que llega de fuera del país, donde la prensa advierte mayoritariamente del peligro de una escalada regional, el aumento vertiginoso de los precios de la energía y la parálisis de los sectores de la economía de la región del Golfo pérsico que dependen del turismo y la seguridad. En la semana en el que el bombardeo de una escuela de niñas en Irán, probablemente por fuerzas estadounidenses, que dejó al menos 175 muertos, la portada del Jerusalem Post mostró a una piloto de combate israelí de la mano de una mujer iraní anónima. “Mujeres, Vida, Libertad. El estilo israelí”, rezaba. Los restos del misil Tomahawk estadounidense que impactó en una escuela de niñas en la ciudad de Minab, en el sur de Irán, según una imagen facilitada por el régimen. Muchos en EEUU ven ecos de la invasión de Afganistán en la decisión de presentar los ataques aéreos como una campaña por los derechos de las mujeres. Trump hizo campaña contra las intervenciones extranjeras, incluida esa guerra, y su cambio de postura no lo comparten todos sus votantes. La mayoría de los estadounidenses, incluidos los demócratas y un número notable de republicanos, se oponen a lo que consideran una guerra innecesaria, según las encuestas. Trump combina ahora las amenazas de una misión terrestre con insinuaciones de que quiere poner fin al conflicto rápidamente. Pero lo que quiera hacer Irán también importa, y si el conflicto se prolonga, el mandatario podría buscar un cabeza de turco antes de las elecciones de mitad de mandato, previstas para noviembre. El crítico más destacado de la guerra dentro de la administración Trump, el exdirector del Centro Nacional Antiterrorista, Joe Kent, de extrema derecha, arremetió directamente contra Israel al anunciar su dimisión. “Irán no representaba una amenaza inminente para nuestra nación, y es evidente que iniciamos esta guerra debido a la presión de Israel y su poderoso lobby estadounidense”, escribió Joe en una carta publicada en X. Si esta sensación se extiende —en un momento en que el apoyo bipartidista a Israel ya está en declive— podría dañar gravemente la relación diplomática más importante del país, afirmó un ex alto funcionario de inteligencia israelí. “Creo que el mayor riesgo de esta guerra es perder el apoyo del pueblo estadounidense”, declaró, en referencia a las encuestas previas a la guerra que ya mostraban un descenso en el respaldo a Israel entre republicanos y demócratas. “Si mueren muchos estadounidenses, los precios del combustible se disparan y esto no se percibe como una victoria, las tendencias contrarias a Israel que ya observamos en EEUU no harán más que reforzarse”, apuntó. Si bien la relación entre EEUU e Israel amenaza con convertirse en un lastre para Trump y su partido, para Netanyahu representa una ventaja electoral, pues a menudo ha basado su campaña en su reputación como estadista internacional. Donald Trump (i) y Benjamin Netanyahu, en la entrada de la Casa Blanca. Está previsto que Trump visite Israel en mayo para recibir el Premio Israel, uno de los máximos honores del país. Si la guerra ha terminado, la ceremonia sería una valiosa oportunidad para demostrar la estrecha relación personal que mantiene con Trump antes de que los votantes emitan su voto en unas elecciones de gran trascendencia para Netanyahu. Con el país sumido en una disputa sobre la naturaleza de la comisión nacional que investigará los atentados del 7 de octubre, la carrera política de Netanyahu, su legado y, potencialmente, también su libertad personal, podrían estar en juego. El primer ministro se enfrenta a un largo proceso judicial por corrupción tras ser acusado de soborno, fraude y abuso de confianza. Si pierde el poder, comparecerá como ciudadano particular o, a lo sumo, como diputado de la oposición. Netanyahu persigue un indulto preventivo con el entusiasta respaldo de Trump, hasta el punto de sacar el tema en su primera rueda de prensa sobre la guerra. El Ministerio de Justicia israelí se ha manifestado en contra de que se retiren los cargos. No se puede confiar en que Netanyahu no aproveche la guerra y los logros del Ejército para su propia supervivencia política Naama Lazimi — Diputada del Partido Demócrata Los políticos israelíes que apoyan la guerra afirman que, pese a ello, temen que Netanyahu intente sacar provecho personal de los sacrificios hechos por la nación. Naama Lazimi, diputada del Partido Demócrata, de centroizquierda, declaró: “Desde que Netanyahu está procesado, su conducta política depende cada vez más de su supervivencia personal. Por eso existen dudas legítimas de que, en ocasiones, sus circunstancias políticas puedan prevalecer sobre los intereses de seguridad nacional de Israel”. “No cabe duda de que la amenaza iraní es existencial y debe abordarse con toda seriedad. Sin embargo, no se puede confiar en que Netanyahu no aproveche la guerra y los logros de las FDI [Fuerzas de Defensa de Israel, el Ejército del país] para su propia supervivencia política”, advirtió. Esta guerra podría estar reorganizando todo Oriente Medio, y la opinión pública israelí apenas se inmuta Dahlia Scheindlin — Investigadora de opinión pública en Tel Aviv Pero si Netanyahu inició la guerra en Irán pensando, al menos en parte, en sus perspectivas electorales, la campaña de bombardeos no le ha dado el impulso esperado. “No ha habido un repunte significativo de la confianza en el Gobierno, solo unos pocos puntos que rápidamente volvieron a los niveles previos a la guerra. Esta guerra podría estar reorganizando todo Oriente Medio, y la opinión pública israelí apenas se inmuta”, indicó Scheindlin. Mientras tanto, la campaña contra Teherán ha silenciado la cobertura de la catástrofe humanitaria y los continuos ataques en Gaza, así como el aumento de violencia israelí en la Cisjordania ocupada. Sin embargo, si las encuestas aciertan y los votantes israelíes eligen un parlamento sin mayoría absoluta, este conflicto podría volver a acaparar la atención. Es probable que los partidos que representan a los ciudadanos palestinos de Israel sean bisagra para que la oposición forme gobierno. Los principales partidos de la oposición judía han prometido no aliarse con ellos y no ofrecen un programa que realmente difiera de Netanyahu en materia de seguridad nacional e internacional. Entre los principales opositores se encuentra el ex primer ministro Naftali Bennett, que dirigió el consejo para los asentamientos israelíes ilegales en la Palestina ocupada. Todos se oponen al Estado palestino, a pesar del creciente apoyo y reconocimiento internacional del que goza. A medida que aumentan las críticas mundiales a la guerra de Israel en Gaza —que, según académicos, organizaciones de derechos humanos y una comisión de la ONU, se ajusta a la definición de genocidio—, EEUU se ha convertido en un aliado diplomático y militar crucial para una nación cada vez más aislada. Si la guerra con Irán causa un daño duradero a esa relación, cualquier triunfo militar podría resultar efímero. “¿Y si al día siguiente nos damos cuenta de que estamos solos?”, escribió Eli Leon, analista del diario Maariv, que advirtió: “Si el precio de derrocar al régimen iraní es romper la alianza con EEUU, la victoria supondría, en última instancia, perder nuestra capacidad de sobrevivir en esta región a largo plazo”. Con información de Quique Kierszenbaum