Un objeto espacial que se creía muerto lleva 1.000 años produciendo una onda de choque que nadie puede explicar

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A 730 años luz de la Tierra, una estrella que debería ser un cadáver estelar silencioso está produciendo uno de los fenómenos más espectaculares que los astrónomos han observado en un sistema binario. La enana blanca RXJ0528+2838, el núcleo residual de una estrella de baja masa que agotó su combustible, muestra un arco brillante de gas que se extiende a su alrededor como la ola de proa de un barco.El problema es que, según los modelos vigentes, esa onda de choque no debería existir. Las enanas blancas por sí solas no expulsan material al espacio con la fuerza necesaria para generar estructuras de este tipo. Y este sistema, además, carece del disco de acreción que en otros casos actúa como motor de los chorros de materia que moldean nebulosas.El hallazgo, publicado en la revista Nature Astronomy en enero de 2026, ha dejado perplejos a los dos investigadores principales. Simone Scaringi, profesor asociado de la Universidad de Durham, y Krystian Ilkiewicz, investigador posdoctoral del Centro Astronómico Nicolás Copérnico de Varsovia, coinciden en que se trata de algo que nadie había visto ni previsto en la física de las enanas blancas.Un misterio captado con el instrumento MUSEEl equipo detectó la nebulosa por primera vez en imágenes del Telescopio Isaac Newton, en España. La forma resultaba tan inusual que decidieron apuntar el instrumento MUSE, instalado en el Very Large Telescope (VLT) del Observatorio Europeo Austral en Chile, para obtener un mapa detallado. Según publica SciTechDaily, las observaciones con MUSE permitieron cartografiar la onda de choque y analizar su composición química, confirmando que la estructura pertenece al sistema binario y no a una nube interestelar ajena.El arco brilla en tres colores que corresponden a hidrógeno, nitrógeno y oxígeno, los mismos elementos que dominan los restos de explosiones estelares más violentas. La forma y el tamaño del arco indican que la enana blanca lleva produciendo un flujo de material potente durante al menos 1.000 años, un periodo difícil de cuadrar con la ausencia de un disco de acreción.RXJ0528+2838 orbita junto a una estrella compañera similar al Sol. En sistemas binarios de este tipo, la compañera suele transferir gas a la enana blanca a través de un disco giratorio que alimenta chorros de materia. Pero aquí no hay disco. Las observaciones de MUSE confirmaron que la enana blanca posee un campo magnético muy intenso que canaliza el material directamente desde la compañera hasta su superficie, sin formar la estructura intermedia.Un motor oculto que la ciencia aún no entiendeLa hipótesis que barajan los investigadores apunta a ese campo magnético como fuente de energía oculta. Si la fuerza magnética es suficiente para redirigir el flujo de gas, también podría generar la presión necesaria para empujar materia hacia el espacio y crear la onda de choque observada.El cálculo, sin embargo, no cierra del todo. Las mediciones actuales del campo magnético sugieren que el campo magnético por sí solo podría sostener una estructura como la observada durante unos pocos cientos de años, no los mil o más que indica la geometría de la nebulosa. Scaringi lo describe como un motor misterioso que necesita un estudio mucho más profundo. El caso recuerda a otros fenómenos estelares que sorprenden a la comunidad científica.Para resolverlo, los astrónomos confían en el Extremely Large Telescope (ELT) del ESO, cuya entrada en servicio permitirá observar sistemas similares con una resolución muy superior a la actual. Mientras tanto, RXJ0528+2838 se suma a la lista de objetos que obligan a revisar lo que la astrofísica daba por sentado sobre las estrellas muertas.