José Carlos Montoya: «Ahora mismo huyo del amor, me da miedo»

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Imaginen que alguien vive el peor momento de su vida ante las cámaras y que, meses después, mientras realiza terapia para superar el trauma, se encuentra no solo con todo el país divirtiéndose con su drama, sino que su nombre está en boca de los jugadores de la NBA o de Whoopi Golberg . Es sabido que en la comedia, el espectador ríe más cuanto peor lo pasan los personajes. Es lo que le pasó a Montoya: descubrió la traición de su pareja y gritaba , se rasgaba la camisa, salía corriendo por la playa… La audiencia se reía tanto que lo convirtió en meme mundial, pero tras el meme había un hombre roto: «No seguí el programa porque no quise verme sufrir. Yo estaba con acupuntura, mi auroculoterapia, mi meditación, trabajando en mí. Menos mal que tengo a mi familia, que es mi gran apoyo. Pero el dolor duró mucho. En los primeros eventos a los que iba, rompía a llorar en la habitación del hotel antes de salir. ¡Ya ves, todos hablando de mí y yo mientras, llorando! No me sentía orgulloso, estaba pagando el precio de mi humillación». Pero esta historia tiene final feliz. Montoya es el flamante ganador del Iris de la Academia de Televisión al 'Personaje del año'. Y está encantado con el premio: «Lo mejor es que lo da el público, eso me hace más ilusión». Pero, ¿es Montoya un personaje? «Soy personaje desde que nací», explica: «Por mi personalidad, mi carácter, mi humor. Pero no soy personaje en el sentido de un papel. No interpreto, yo soy así. Creo que transmito, que hay algo en mí que llega a la gente. En los 'realities' lo doy todo, entiendo que debo entretener, aunque sea agotador. Pero lo que se ve es lo que soy, creo que en televisión no hay éxito si no hay verdad». Le gusta el medio, pero tiene muy claro lo que no quiere: «Me han ofrecido mucho dinero por ir a ciertos programas, pero yo no voy a participar en un circo. No pienso ser colaborador para hablar de los demás, tampoco busco dar titulares con mi vida privada. Como tengo la suerte de poder elegir, lo hago mientras construyo mi perfil profesional. Por eso me han querido pisotear. Ahora me adjudican una novia distinta cada semana. ¡Con lo que odio el 'shippeo'! Es una cosa que no soporto». El corazón de Montoya no está preparado todavía para ninguna aventura: «Primero tengo que recuperar la confianza. Ahora mismo huyo del amor, me da miedo. Pero creo en él, es lo más bonito de la vida, solo que antes me tengo que recomponer. Y con lo que he sufrido, no quiero hacer sufrir a nadie. No estoy listo para tener pareja, pero cuando la tenga lo diré y presumiré de ella». Eso sí, la elegida tiene debe cumplir unos requisitos imprescindibles: «Me tiene que dar mucho cariño, porque lo necesito. Que me respete, que tenga tiempo para mí. Yo vengo de una familia muy estable, mis referentes son amores tradicionales.» Cuando aparezca, lo sabrá por un detalle: «La mirada lo dice todo. No busco un físico, busco esa conexión que se da cuando nos miramos y sabes que le gustas». Y si alguien cree que no es un romántico, Montoya recuerda un detalle: «Cómo seré, que mi primer nombre artístico fue 'el romántico de la rumba', idea de mi tío. Pero la verdad es que soy un poco Arturo Fernández». Se define como «un tipo simpático, extrovertido. Me gustaría que me recordaran como una buena persona que entendió que vino a este mundo para ser alguien, no para pasar de puntillas». Reconoce que le pierde «la cabezonería, porque cabezota soy un rato, pero quien me quiera debe aceptarlo». En estos momentos le preocupa «recuperar la confianza en los demás, me cuesta mucho». Se reconoce un soñador, «pero uno sin techo, porque cada año sueño algo distinto. Todo lo proyecto. Es más, tengo un ritual en el que escribo lo que sueño y lo meto en una botella que guardo en un cajón. Pasado un año, cojo la botella y leo el mensaje, que ya ni recuerdo, y descubro que se ha cumplido. Pero son cosas sencillas, nada ambiciosas». Ahora mismo se encuentra con su equipo recibiendo canciones para elegir las que formarán parte de su repertorio: «Soy polifacético, pero no voy a presentarme como cantante, solo quiero hacer cosas que me hagan feliz. Y la música me cura». El emoji que más usa: «Depende del momento. A veces el de la risa; otras, el destello, que es mi forma de dar las gracias. Además, me recuerda que hay que estar siempre donde uno brille». Se haría un 'selfi' con: «Luis Miguel». Un momento 'Tierra, trágame': «En mi bolo de presentación, cuando era un crío, perdí un zapato antes de actuar, así que tuve que cantar con un pie descalzo en una caseta de la Feria.». Un sacrificio por la fama: «Tener que aceptar un proyecto televisivo cuando todavía no estaba preparado para enfrentarme a eso, pero me sentía obligado». Un lugar para perderse: «Antes habría elegido una isla, ahora prefiero una montaña». Algo que no puede faltar en su día a día: «El deporte, ya sea mi entreno en el gimnasio, fútbol, tenis… Nunca digo no a un plan deportivo cuando me lo proponen». Un propósito que nunca cumple: «Dejar de comerme las uñas. Es curioso, la única vez que logré mantenerlas largas fue justo antes de ir a 'La isla de las tentaciones', ya ves tú lo tranquilito que yo iba». Su primer beso: «No fue bonito porque me pilló desprevenido. No fue solo el beso, fue el 'pack' completo con dos amigas mayores de mi hermana. Al enterarse se peleó con ellas». Tiene miedo a: «Después de sentir la muerte de cerca, le he perdido el miedo a todo en esta vida. Lo único que temo es que llegue el día de perder a los míos, a mi familia». Dentro de diez años se ve: «Espero verme bien, sano, estable, aunque seguiré igual de intenso». El pequeño Montoya: «Era muy inquieto, no paraba. Mi madre me sentaba al lado del niño más tranquilo y yo acababa poniéndole nervioso. Tenía la cara muy dura, no tenía vergüenza para preguntar sobre cosas como el sexo, pero por otra parte era muy cariñoso y nunca me metí en peleas. No era el líder de la pandilla, era el gracioso. Con dos años ya bailaba y a mi madre le decían que me llevara a la televisión. Lo de cantar vino más tarde, con la edad del pavo».