Cuando la guerra israelo-estadounidense contra Irán cumple tres semanas, la infraestructura de extracción y distribución de hidrocarburos se ha convertido en primera línea del frente, donde se dirime la capacidad de los contendientes para continuar con un conflicto que amenaza con extender sus efectos por todo el planeta. Terminales de carga de petróleo y campos gasísticos de Irán han sido bombardeados, así como plantas de procesamiento de gas en Qatar o refinerías en Arabia Saudí, Baréin, Emiratos, Kuwait e Irak, en un ojo por ojo que amenaza con disparar aún más los precios de la energía, ya que Oriente Próximo produce un tercio del crudo mundial y en torno a un quinto del gas natural. Seguir leyendo