Cuando hablamos del estado emocional durante el juego, casi nunca se trata solo del resultado. Lo que realmente influye es todo lo que ocurre alrededor: lo que vemos, lo que oímos y el ritmo con el que la información llega a nosotros. Estas señales no actúan de forma consciente, pero sí constante, ajustando nuestro ánimo paso a paso mientras jugamos