El pasado vuelve a golpear la historia más oscura que rodeó a Amy Winehouse . Sarah Aspin, quien fuera pareja de Blake Fielder-Civil tras la muerte de la cantante, ha fallecido en circunstancias que un tribunal ya ha calificado como «no naturales». Su muerte reabre inevitablemente una etapa marcada por el exceso, la dependencia y un triángulo amoroso que durante años estuvo en el foco mediático. Una historia donde las drogas y la inestabilidad emocional fueron el hilo conductor. Quince años después de la desaparición de la artista británica, el relato que une a Amy, Blake y Sarah vuelve a quedar atravesado por el mismo denominador común: la adicción. Sarah Aspin fue encontrada inconsciente en su vivienda de Leeds el pasado 7 de febrero. Su pareja fue quien dio la voz de alarma, aunque los servicios de emergencia no pudieron hacer nada por salvar su vida. Durante la investigación judicial celebrada en el juzgado forense de Wakefield, se reveló que la mujer presentaba altos niveles de medicamentos en su organismo, entre ellos metadona, utilizada habitualmente en tratamientos contra la adicción a la heroína. El forense Oliver Longstaff fue contundente al respecto al señalar que la muerte no podía considerarse «natural», debido a la «combinación de concentraciones que probablemente contribuyeron a su muerte». La causa definitiva aún no ha sido determinada y la investigación ha quedado aplazada. En paralelo, la policía confirmó que el caso se está tratando como una muerte «inexplicada», tras haber intervenido previamente en el domicilio por motivos de seguridad. Un hombre presente en la vivienda fue detenido, aunque por un delito no relacionado con el fallecimiento. Para entender el contexto de esta historia hay que retroceder más de una década. Sarah Aspin comenzó su relación con Blake Fielder-Civil en 2011, poco después del fallecimiento de Amy Winehouse y tras el turbulento matrimonio que ambos habían mantenido. Se conocieron en un centro de rehabilitación, un escenario que ya dejaba entrever el punto en común que marcaba sus vidas. Juntos tuvieron dos hijos, aunque la relación terminó en 2018. Pero mucho antes de eso, Sarah ya había estado indirectamente vinculada a la historia de Amy. Su relación con Blake se enmarcó en un triángulo emocional complejo, en el que incluso llegó a advertir a la cantante que se mantuviera alejada de él. La figura de Fielder-Civil fue siempre señalada como una de las grandes influencias en la vida de Winehouse, especialmente en lo relacionado con el consumo de drogas. Aunque él ha rechazado en varias ocasiones ser el responsable de su caída. Hoy, Blake Fielder-Civil es el único de ese triángulo que sigue con vida. Una figura que ha cargado durante años con el peso mediático y social de aquella relación. En una entrevista reciente en el podcast We Need To Talk, el exmarido de Amy fue claro al abordar esa responsabilidad: «Mi postura ahora es que sé que mucha gente, especialmente quienes leían los medios de comunicación hace 20 años, pensaría que la muerte de Amy es mi responsabilidad. Como siempre he dicho, nunca eludo ninguna responsabilidad. Si he hecho algo, lo reconozco. Pero veo injusto que se me culpe exclusivamente a mí». En esa misma conversación, insistió en la idea de que la cantante tomaba sus propias decisiones: «Amy hizo lo que quiso hacer». Y añadió: «Amy y yo nos hicimos adictos juntos», rechazando así la narrativa que lo sitúa como único desencadenante de su deterioro. La muerte de Amy Winehouse en 2011, a los 27 años, se produjo por una intoxicación etílica tras un periodo de abstinencia. Sin embargo, su relación con las drogas y el alcohol ya había marcado profundamente sus últimos años de vida. El deterioro físico y emocional de la artista fue evidente, tanto en su entorno personal como sobre los escenarios. Una caída que muchos vincularon directamente a su relación con Blake, aunque él siempre ha defendido que la adicción fue un proceso compartido. Ahora, con la muerte de Sarah Aspin, ese pasado vuelve a ocupar titulares. Un recordatorio de una historia donde el talento, el amor y la dependencia convivieron hasta sus últimas consecuencias.