Los hilos de la japonesa Chiharu Shiota (1972) no describen el mundo visible, sino que tratan de dar forma a lo que en él permanece latente: la huella del tiempo, la vulnerabilidad del cuerpo o los vínculos que nos unen. Hay en su trabajo una voluntad de representar lo inasible sin clausurarlo, de modo que cada obra parece debatirse entre la revelación y el hermetismo. Su nueva exposición en la galería NF de Madrid profundiza en sus motivos recurrentes: tramas de hilo rojo y negro, formas que remiten al refugio y al cuerpo, y objetos que funcionan como depósitos de memoria. En el texto de la muestra, Shiota la concibe como una exteriorización del mundo interior: imagina a una persona a la mesa cuyos pensamientos se derraman fuera de la cabeza, ascienden por la pared y forman un paisaje emocional. Son imágenes de belleza conmovedora, que no necesitan apoyarse en el efectismo inmersivo de sus grandes instalaciones para dar cuenta de su potencia poética. Con todo, la solidez del repertorio plantea su propio desafío: que una iconografía ya muy reconocible no se agote y siga generando extrañeza y pensamiento.