A Ruth Asawa, la Segunda Guerra Mundial la pilló con 15 años. Vivía con sus padres, inmigrantes japoneses, en una granja en Norwalk (California, Estados Unidos), el pueblo donde había nacido. El imperio nipón acababa de atacar Pearl Harbor, la base naval más importante de EE UU en el pacífico, y con la entrada del país en la guerra, el Gobierno de Roosevelt aprobaba el internamiento forzoso de más de 100.000 estadounidenses de origen japonés en campos de concentración. Su padre quemó todo aquello que pudiera identificarlos como extranjeros, pero no los salvó. A él lo detuvieron el mismo mes; Asawa, sus hermanos y su madre fueron encarcelados poco después, primero en un antiguo hipódromo, donde durmieron en establos, y después en un “Centro de Reubicación de Guerra”, rodeado de vallas con púas de alambre. Seguir leyendo