Ni Trump, ni Ucrania, ni Palestina, ni la guerra con Irán. Ni siquiera la posible fusión de Paramount y Warner. La 98ª gala de los Oscar fue, ante todo, una fiesta del cine. Hubo chascarrillos, referencias veladas y alguna proclama aislada, pero los grandes discursos políticos brillaron por su ausencia en una ceremonia. El nombre del presidente de Estados Unidos