A cinco días de su votación, los presupuestos de la Generalitat se han convertido en un rehén político. El Govern de Salvador Illa requiere su aprobación para consolidar su proyecto: serían los primeros de la legislatura y no aprobarlos debilitaría su capacidad de gestión y su posición en el Parlament. Esquerra, por su parte, el mismo partido que decidió investir a Illa para desbloquear la Generalitat, también los necesita para reforzar su protagonismo y marcar la agenda: demostraría que sigue siendo decisiva y mantendría su capacidad de condicionar la política. Las negociaciones, sin embargo, parecen encalladas, condicionadas por demandas como la cesión del IRPF, que pertenecen a otro tablero, el de Pedro Sánchez, y que el propio Oriol Junqueras sabe que no se resolverán a corto plazo. La paradoja es que ello sucede sin que nadie haya declarado una diferencia ideológica insalvable sobre el contenido de los presupuestos.Seguir leyendo....