Hace unos años, Totti jugó una pachanga de futbito en la que un adversario, probablemente tiktoker, le hizo una lambretta para presentarse en el área, amagar dos veces y fallar el disparo; la pelota llegó a Totti botando, y sin controlarla, la elevó desde el centro del campo y se la coló por encima al portero. El vídeo se popularizó rápidamente porque mostraba a Totti desganado ante la lambretta de su rival (no hizo ni el amago de perseguirlo, no hizo nada, salvo mirarlo con un poco de asco) y, con su golpeo después, marcar el gol que el otro había intentado con florituras. Sencillo, simple, directo. Como cuando Indiana Jones, buscando el arca perdida, se enfrenta a un diestro espadachín que se exhibe con maniobras prometedoras de un largo duelo; Indiana saca un revólver y le dispara (al parecer, buena parte del equipo de rodaje, incluido Harrison Ford, había enfermado, y al actor, con 39 de fiebre, no le apeteció rodar una escena larga de lucha de espadas. Pocas cosas ayudan a priorizar más que la mala salud: cuántas veces, si tenemos fiebre, acabamos nuestro trabajo en la mitad de tiempo). Seguir leyendo