Cuando llegan las crisis energéticas, uno de los grandes focos de contagio para la inflación son las gasolineras, los combustibles. En España, por ejemplo, la gasolina y el diésel han registrado su mayor subida en cuatro años. Y es por ahí por donde los Gobiernos están empezando a trazar sus planes para contener una factura que, si se dispara, puede acabar llevando su gangrena por toda la economía. Como, precisamente, solo han pasado cuatro años desde la última vez, cuando la cotización del gas se fue por las nubes por la invasión rusa de Ucrania, las recetas del manual de políticas públicas están frescas. Seguir leyendo