Quique Llopis, a por la medalla más esquiva

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Lleva seis carreras este año, excluidas series y rondas casificatorias, y su regularidad resulta asombrosa: 7.50, 7.50, 7.53, 7.45, 7.45 y 7.51. Quique Llopis (Bellreguard, 25 años) llega al Mundial 'short track' de Torun en el mejor momento de forma de su vida. Séptimo del ranking mundial en los 60 vallas tras rebajar dos veces el récord de España, parte como quinto entre los aspirantes que se darán cita en la pista cubierta polaca. Es, junto a Mohamed Attaoui , la principal baza española para el podio, aunque él mismo amplía el abanico durante la conversación mantenida con este periódico a pocas horas de viajar a la sede del campeonato: «Por decir un número, creo que habrá al menos tres medallistas. El color ya se verá, pero tenemos muy buen equipo y podemos conseguirlo». A Llopis se le ha colgado cierta fama de 'pupas' que no termina de ser del todo justa. Todo se remonta a su dramática caída en la final del Europeo indoor de Estambul 2023, cuando quedó inconsciente sobre la pista tras tropezar con una valla en plena persecución del oro. Después, encadenó tres cuartos puestos consecutivos: el Mundial en pista cubierta de Glasgow 2024, los Juegos Olímpicos de París y el pasado Mundial al aire libre de Tokio . Siempre al límite. Rozando la gloria sin llegar a tocarla. Conviene subrayar que en ese mismo periodo también se proclamó subcampeón de Europa en Roma 2024. Y que forma parte, por derecho propio, de la aristocracia de su disciplina, con presencia habitual en la Diamond League. Sin embargo, aún le falta esa gran medalla que termine de refrendar su estatus. El mismo que ya ejerce dentro de la delegación española. «Siempre intento quitar presión a todo. Solo pienso en salir y dar lo mejor, en sacar todo el trabajo de este invierno. Es verdad que ahora parezco una de las cabezas de cartel del equipo, pero no es algo que me afecte». Su invierno, como reflejan los cronos, ha sido sobresaliente. Rebajó en dos ocasiones la plusmarca nacional que compartía con Orlando Ortega (7.48). Primero en Madrid, durante la cita del World Indoor Tour en el polideportivo de Gallur; después, dos semanas más tarde, en la pista francesa de Lievin, donde igualó hasta la milésima con el local Just Kwaou-Mathey. «El estado de forma es el mismo o incluso mejor. Creo que estamos un punto por encima de cuando corrimos en 7.45. Podemos arañar algunas centésimas. Pero esto es un Mundial: aquí no vienes a por marca, vienes a por posición. El objetivo es avanzar en cada ronda y, en la final, pelear por las medallas». El valenciano asume que probablemente deba volver a mejorar su récord para subir al podio. El grupo de favoritos es amplio y de alto nivel. Lo encabeza el polaco Jakub Szymanski, líder del ranking con 7.37, misma marca que los estadounidenses Dylan Beard y Trey Cunningham. En un segundo escalón aparecen el francés Wilhem Belocian (7.42 este año) y el propio Llopis, aunque por debajo de 7.50 se mueven otros siete atletas. «Son vallas y pueden pasar muchas cosas. Puede fallar cualquiera. Nosotros intentaremos ser sólidos y mantener la regularidad que hemos tenido todo el año». Llopis llega con dos semanas sin competir, desde que conquistó su sexto título nacional en el Velódromo Luis Puig de Valencia, donde sí acusó cierta fatiga. «La semana siguiente fue más tranquila. Descansamos un par de días antes de volver a subir un poco la carga. Ahora todo es muy suave: hacemos lo justo, algunas salidas y algo de gimnasio con poca carga. El trabajo ya está hecho». Hay, no obstante, un aspecto técnico que preocupa tanto al atleta como a su entrenador, Toni Puig. En Lievin invadió en varias ocasiones la calle contigua en el fragor de la carrera. No le resta tiempo, pero podría costarle una descalificación. «Hemos trabajado para ser más conscientes y correr por el centro de la calle. No es determinante, pero requiere adaptación: después de tantos años corriendo de una forma, no es fácil cambiar. Aun así, hemos mejorado». A ello se suma la exigencia del formato. En un Mundial comprimido en tres días (de viernes a domingo), los especialistas en 60 vallas podrían afrontar hasta tres carreras en una misma jornada: una por la mañana y dos, semifinales y final, por la tarde-noche. «Todos estamos en la misma situación. Entrenamos mucho volumen de series y creo que eso puede ayudarnos a acusarlo menos. No es una ventaja como tal, pero quizá lo notemos algo menos que otros». El oro no se descarta, pero el objetivo prioritario es romper por fin esa barrera: la primera medalla mundial. «Quiero hacer la carrera de mi vida. Si lo consigo y no hay medalla, estaré satisfecho igualmente». Tras Torun, Llopis cerrará la temporada bajo techo y empezará a mirar al aire libre, con dos grandes citas en el horizonte: el Europeo de Birmingham, en agosto, y el Ultimate Championship, el nuevo proyecto de World Athletics que reunirá a los 16 mejores de cada disciplina sin limitación por nacionalidad. «El nivel puede ser incluso superior al de un Mundial o unos Juegos. Y quiero estar ahí».