Tenía que ganarla; sí. Era mucho más que un acto de justicia. Era una traición al ciclismo, como que al mejor restaurante del mundo no le dieran tres estrellas Michelin. Se lo merecía y porque con Tadej Pogacar la historia de este deporte necesitaba que el mejor corredor del siglo XXI anotase su nombre como vencedor de la Milán-San Remo. A la sexta, la vencida. Ya tiene la carrera que se le resistía, cuatro de cinco monumentos a la espera de ganar este año la París-Roubaix, el quinto Tour y lo que se le presente delante.Seguir leyendo....