China da el siguiente paso en tecnología bélica: potenciará sus radares con IA

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La guerra entre Estados Unidos e Irán, iniciada a finales de febrero de 2026, está sirviendo de laboratorio en tiempo real para los ejércitos que observan desde fuera. Uno de los que más atención presta es el de China, cuyas fuerzas armadas han encontrado en el conflicto la confirmación de algo que llevaban años preparando: los enjambres de drones baratos son la mayor amenaza para cualquier sistema de defensa aérea convencional.Xu Jin, ingeniero jefe del Instituto 38 de la Corporación Estatal China de Tecnología Electrónica (CETC) y miembro del Comité Nacional de la Conferencia Consultiva Política del Pueblo Chino, ha revelado que los algoritmos de inteligencia artificial ya han proporcionado una mejora notable en la capacidad de detección de sus radares frente a drones a baja altitud coordinados en enjambre.El problema que la IA resuelve no es menor. Los radares convencionales tienen dificultades para procesar la señal cuando docenas o cientos de drones pequeños operan de forma simultánea. La cantidad de ecos satura el sistema y dificulta distinguir las amenazas reales de los señuelos, el ruido electrónico o las interferencias propias del vuelo a baja cota sobre terreno irregular.Lecciones de una guerra ajenaEl conflicto con Irán ha puesto de manifiesto la eficacia de dos enfoques opuestos. Estados Unidos desplegó su sistema LUCAS (Low-Cost Unmanned Combat Attack System), diseñado para lanzar oleadas de drones de ataque baratos contra objetivos terrestres. Irán, por su parte, utilizó enjambres de drones suicidas Shahed-136 coordinados contra posiciones estadounidenses. Según publica el South China Morning Post, ambos modelos han demostrado que el volumen de drones puede superar a las defensas si los radares no son capaces de rastrear y clasificar cada uno de forma individual.La solución china pasa por lo que Xu denomina radar de apertura sintética inversa con IA, una técnica que observa objetivos en movimiento desde múltiples ángulos y utiliza algoritmos para distinguir entre drones de ataque y señuelos en milisegundos. La capacidad de procesar esa información sin intervención humana es lo que marca la diferencia frente a los sistemas de radar asistidos pero operados por personas.China ya contaba con el primer sistema de alerta temprana a baja altitud del país, desarrollado precisamente por el Instituto 38. La integración de la IA en esa infraestructura existente promete multiplicar su eficacia sin necesidad de reemplazar el hardware, una ventaja logística y económica considerable.Prepararse para Taiwán mirando a IránEl plan quinquenal chino 2026-2030 incluye como prioridad la aceleración de las capacidades de combate no tripulado y las contramedidas antidrones de bajo coste. La razón es directa: si un conflicto estallara en torno a Taiwán, Estados Unidos ha dejado claro que emplearía enjambres masivos de drones para saturar las defensas chinas en el estrecho, una táctica que ya se observa en el conflicto con Irán.Pekín necesita que sus radares diferencien en tiempo real un dron armado de un señuelo, a baja altitud, entre centenares de objetivos simultáneos. La IA es, por ahora, la única tecnología que puede procesar esa cantidad de datos a la velocidad que exige un escenario de saturación. Y los ingenieros de CETC dicen haberlo demostrado ya en condiciones controladas.Lo que todavía no se ha probado es cómo se comporta el sistema bajo las condiciones de guerra electrónica que acompañarían a un enfrentamiento real con Estados Unidos, donde los drones volarían protegidos por inhibidores y señales de engaño diseñadas precisamente para confundir a los radares con IA. Esa es la prueba que China espera no tener que pasar, pero para la que se prepara observando cada día de la guerra en el golfo Pérsico.