Un equipo del MIT llevó la doble rendija al límite y encontró algo inquietante. Cuanta más información obtenían sobre la trayectoria de los fotones, más desaparecía su comportamiento ondulatorio. El resultado contradice una intuición clave de Einstein y refuerza a Bohr, reactivando un debate que creíamos cerrado y mostrando que la luz aún guarda secretos que descolocan a la física clásica.