La Armada de Estados Unidos gestiona en estos momentos una ecuación que no cuadra. Tres de sus portaaviones nucleares acumulan averías, retrasos o problemas logísticos que limitan la capacidad operativa de la flota justo cuando más la necesita. Con la guerra contra Irán en su tercer mes y la tensión en el Pacífico lejos de remitir, la presión sobre la cadena de mando naval no tiene precedentes en décadas.No se trata de un problema puntual. Es una crisis estructural que afecta simultáneamente al buque más moderno, al más veterano y al que debería haberlos relevado a ambos. El USS Gerald R. Ford, el USS Nimitz y el futuro USS John F. Kennedy dibujan una situación que, según reconocen fuentes del propio Pentágono, pone a prueba los límites del calendario operativo de toda la flota.Por ley federal, Estados Unidos debe mantener un mínimo de once portaaviones en servicio activo. Cumplir esa cifra se ha convertido en un ejercicio de equilibrismo que el almirante Daryl Caudle, jefe de Operaciones Navales, ha comparado públicamente con una partida de Jenga: cada pieza que se mueve amenaza con derribar la estructura entera.El Ford, diez meses en el mar y un incendio a bordoEl 12 de marzo, un fuego en la zona de lavandería del USS Gerald R. Ford obligó a evacuar a más de 600 tripulantes de sus camarotes. Tardaron más de 30 horas en sofocarlo. Dos marineros resultaron heridos y el portaaviones más avanzado del mundo tuvo que poner rumbo a la bahía de Suda, en Creta, para someterse a reparaciones de emergencia. El buque llevaba ya diez meses desplegado, el doble de lo habitual para una misión estándar de entre seis y ocho meses.El Pentágono había ampliado su despliegue en dos ocasiones consecutivas por la escalada en Oriente Medio. Si el Ford supera mediados de abril en el mar, batirá el récord de despliegue continuado de un portaaviones estadounidense desde la guerra de Vietnam: 294 días sin tocar puerto base, una marca que hasta ahora ostentaba el USS Abraham Lincoln desde 2020. El propio almirante Caudle reconoció en enero que había intentado frenar las órdenes de extensión por el estado del buque y la fatiga de la tripulación.Antes del incendio, el Ford ya arrastraba fallos en su sistema de saneamiento que habían obligado a intervenciones técnicas repetidas. La reparación del fuego se suma a un mantenimiento que ya iba retrasado, lo que genera un efecto dominó sobre los astilleros y la disponibilidad de mano de obra especializada.Un veterano que no se jubilaMientras el Ford lidia con sus averías, el USS Nimitz protagoniza una historia diferente pero igual de reveladora. El portaaviones más antiguo de la flota, botado en 1972, ha visto aplazada su retirada en dos ocasiones. Estaba previsto sacarlo de servicio en abril de 2025; la fecha se movió primero a mayo de 2026 y después a marzo de 2027.El Nimitz zarpó el 7 de marzo desde la base naval de Kitsap-Bremerton, en el estado de Washington, con destino a Norfolk, Virginia, para iniciar su traslado de puerto base. Ya no lleva grupo aéreo embarcado, pero su mera permanencia en la lista de activos resulta necesaria para no incumplir el mínimo legal de once unidades.El 13 de marzo, la Armada firmó un contrato de 95,7 millones de dólares con Huntington Ingalls Industries para las tareas de inactivación y retirada del combustible nuclear. Según publicó The War Zone, mantener al Nimitz operativo más allá de su vida útil prevista supone un coste logístico creciente que desvía recursos de los programas de construcción naval en marcha.El Kennedy no llega a tiempoLa pieza que debería encajar en este puzle es el USS John F. Kennedy (CVN-79), segundo buque de la clase Ford. Su entrega estaba prevista para julio de 2025. No llegará hasta marzo de 2027. El 4 de febrero completó sus pruebas de mar con los constructores, pero la certificación del sistema de frenado de aeronaves (Advanced Arresting Gear) y la instalación de los elevadores de armas avanzados han provocado un retraso de casi dos años.Mientras tanto, el USS Abraham Lincoln es el único portaaviones operativo en la zona del conflicto con Irán, y el USS George H.W. Bush se prepara para sustituir al Ford. Pero cada despliegue que se alarga genera un efecto cascada: los periodos de mantenimiento se retrasan, los astilleros acumulan trabajo pendiente y la disponibilidad futura de la flota se resiente.El caso del USS Dwight D. Eisenhower es un ejemplo perfecto. Su mantenimiento posmisión comenzó el 27 de enero de 2025 y debía terminar en julio de ese año. A mediados de febrero de 2026 llevaba ya seis meses de retraso y seguía sin fecha firme de finalización.La Armada estadounidense se enfrenta a una paradoja operativa: cuanto más exige de sus portaaviones, menos disponibles están para el futuro. Y el futuro, en Oriente Medio, ya no admite aplazamientos.