(ZENIT Noticias / Otawwa, 18.03.2026).- Menos de una década después de legalizar la eutanasia, Canadá se aproxima a un umbral que pocos países han contemplado: más de 100.000 muertes llevadas a cabo bajo un programa estatal de muerte asistida. Lo que comenzó en 2016 como una respuesta limitada al sufrimiento médico extremo se ha convertido en uno de los regímenes de eutanasia más extensos del mundo, planteando interrogantes éticos, legales y culturales que ahora trascienden sus fronteras.El sistema, conocido como Asistencia Médica para Morir (AMD), fue introducido durante el gobierno de Justin Trudeau. En aquel entonces, se presentó como una opción estrictamente definida para pacientes con enfermedades terminales. Sin embargo, desde entonces, su alcance se ha ampliado significativamente, tanto en la ley como en la práctica.Las cifras oficiales indican que 76.475 canadienses han fallecido por eutanasia entre 2016 y los datos más recientes disponibles. Con un aumento anual de casos —y aún pendientes los datos de 2025—, la proyección de que el país superará los 100.000 casos en 2026 se considera prácticamente inevitable. El ritmo es alarmante: aproximadamente 45 muertes asistidas al día. Solo en 2024, 16.499 personas fallecieron bajo este programa.Estas cifras han catapultado la eutanasia asistida a la lista de las principales causas de muerte en Canadá. Según los críticos, ahora ocupa el quinto lugar, después de enfermedades como el cáncer y las enfermedades cardiovasculares, así como los accidentes, lo que indica no solo su magnitud, sino también su normalización.Para sus defensores, el programa refleja un modelo avanzado de autonomía del paciente y atención compasiva. Para sus críticos, representa un cambio profundo en la forma en que la sociedad entiende la vulnerabilidad, el sufrimiento y el papel del Estado. El debate se ha intensificado a medida que los criterios de elegibilidad se han ampliado más allá de las enfermedades terminales.Un punto de inflexión clave se produjo en 2021 con la aprobación del Proyecto de Ley C-7, que amplió el acceso a la atención médica a personas con enfermedades crónicas, incluso cuando la muerte no era inminente. Este cambio legislativo marcó un punto de inflexión respecto al marco original y abrió la puerta a nuevas ampliaciones que siguen en debate.Entre las propuestas más polémicas se encuentra la inclusión prevista de personas cuya única afección subyacente sea una enfermedad mental. Si bien esta ampliación está actualmente prohibida, está previsto que entre en vigor en 2027 tras las demoras provocadas por la oposición de profesionales médicos, expertos en salud mental y la mayoría de los gobiernos provinciales. Las autoridades federales acordaron en febrero de 2024 posponer la implementación, reconociendo la complejidad y la sensibilidad del tema.Al mismo tiempo, han surgido debates —aún en fase exploratoria— sobre la posibilidad de extender el marco legal a menores, incluidos los recién nacidos en circunstancias médicas extremas. Si bien esta medida no está permitida actualmente por la ley canadiense, la mera existencia de estos debates evidencia el profundo cambio que se ha producido en menos de diez años.La opinión pública se ha polarizado cada vez más. Voces como la de Kelsi Sheren argumentan que el programa se ha alejado considerablemente de su propósito original, sugiriendo que la muerte asistida ya no se limita a casos excepcionales, sino que se ha convertido en un recurso para personas que enfrentan una combinación de discapacidad, aislamiento, pobreza o sufrimiento psicológico. Profesionales de la medicina, como Jonathan Edwards, han expresado preocupaciones similares, describiendo la asistencia médica para morir como un sistema que se expande rápidamente tanto en escala como en alcance.El gobierno canadiense, por su parte, ha establecido mecanismos de asesoramiento —incluidos comités que reúnen a expertos y defensores— para evaluar el desarrollo futuro del programa. Estos organismos tienen la tarea de desenvolverse en un complejo panorama político donde convergen la permisibilidad legal, la ética médica y la responsabilidad social.Lo que distingue el caso canadiense no es solo el número de muertes, sino la rapidez con la que ha evolucionado el marco. En menos de una década, el país ha pasado de un modelo restrictivo centrado en los cuidados al final de la vida a un sistema más amplio que incluye afecciones no terminales y contempla futuras extensiones.Esta trayectoria ha atraído la atención internacional, especialmente en países donde la eutanasia sigue siendo ilegal o está estrictamente controlada. Para algunos, Canadá representa un modelo de libertad individual; para otros, un ejemplo aleccionador de cómo las garantías legales pueden erosionarse gradualmente bajo la presión social y política.Gracias por leer nuestros contenidos. Si deseas recibir el mail diario con las noticias de ZENIT puedes suscribirte gratuitamente a través de este enlace. The post Canadá se acerca a las 100.000 «muertes asistidas». Debate sobre la eutanasia entra en una nueva fase appeared first on ZENIT - Espanol.