Hay una frase atribuida al filósofo chino Confucio, aunque sin pruebas fehacientes de que sea su autor, que dice que quienes eligen un trabajo que les gusta no tienen que trabajar ni un solo día en su vida. Esa visión obedece a la idea de hacer algo desde la pasión y no desde la obligación, un escenario en el que se mueve un reducido y afortunado grupo de profesionales.Entre ellos parece encontrarse el presidente ejecutivo y máximo accionista de Mercadona, Juan Roig. Al menos así es si atendemos a algunas de sus sentencias públicas más conocidas. El empresario valenciano ha logrado forjar todo un referente en el ámbito de la distribución de alimentación, hogar y cuidado personal, que eleva sus cifras de beneficios año tras año. Lo ha hecho, además, desde el convencimiento y la fortuna de desarrollar la que, a su juicio, es una de las profesiones más satisfactorias del mundo: la de empresario.Amar lo que se hace como filosofía y modeloUn pensamiento que Juan Roig dejó claro tiempo atrás al señalar que "ser empresario es una de las profesiones más bonitas, yo estoy enamorado de ella". Con esa idea no solo habla de su sentir, sino que va mucho más allá. Porque, cuando Roig se refiere a su posición con ese carácter, lo que hace es defender la figura del empresario como generador de empleo y de riqueza. Trata de dar valor y de mostrar satisfacción por lo que logra.En su caso, el presidente de Mercadona reafirmaba su idea al señalar que la de empresario es una profesión no exenta de responsabilidad, pues suya es la misión de generar beneficios para reinvertir y compartir con el entorno. Algo que, sin duda, ha llevado por bandera desde que comprara la empresa Mercadona a sus padres en 1981.Esa afirmación sobre la responsabilidad que acarrea ser de profesión empresario resume su modelo, basado en la obtención de ganancias que se puedan destinar a ampliar objetivos y generar mayor impacto social. Una idea que comparte con otro de los grandes empresarios españoles, Amancio Ortega, quien defiende que tener clara la meta es fundamental para lograr alcanzarla y que ese debe ser el fin último del dinero.La idea de Juan Roig con respecto al trabajo no se debe tomar por su sentido literal, sino más bien por su apartado emocional, pues con ella demuestra lo importante que es sentir que uno alcanza con su actividad un estado de felicidad óptimo. No busca romantizar el trabajo, pero sí ensalzar el papel de quienes dirigen sus proyectos a aportar valor a la sociedad y al sentimiento personal que esto debe reportar.Se trata también de un camino para defender la figura de aquellos que orientan su labor a la generación de empleo y de riqueza. En ocasiones, se ha atacado esa figura del empresario y con su afirmación, Juan Roig abre ese camino del orgullo, de ennoblecer ese gremio que protagonizan quienes impulsan negocios. Todo ello reafirma que la labor de Juan Roig, además de esfuerzo, tiene un componente pasional importante que le hace sentir un cariño genuino por la profesión de empresario.