Un solo contrato para gobernarlos a todos. El Ejército de Estados Unidos ha adjudicado a Anduril, la empresa tecnológica de defensa fundada por Palmer Luckey, la primera orden de trabajo dentro de un vehículo contractual valorado en hasta 20.000 millones de dólares a diez años. La orden concreta asciende a 87 millones y se centra en sistemas de lucha contra drones.La adjudicación, anunciada el 16 de marzo de 2026, marca un antes y un después en la forma en que el Pentágono compra tecnología de protección frente a aeronaves no tripuladas. Hasta ahora, las Fuerzas Armadas estadounidenses gestionaban cientos de contratos individuales con distintos proveedores para cubrir necesidades similares, un modelo que multiplicaba los plazos y la burocracia.Con este acuerdo marco, el Ejército pretende consolidar 120 contratos previos que mantenía con Anduril en un único instrumento. Según Brent Ingraham, secretario adjunto del Ejército para Adquisiciones, la iniciativa forma parte de una estrategia más amplia: el Departamento de Defensa ya ha otorgado catorce contratos empresariales de este tipo, lo que ha permitido reducir un 88 por ciento el número de acuerdos individuales con proveedores tecnológicos.El cerebro del sistemaEl producto estrella de Anduril dentro de este contrato es Lattice, su plataforma de mando y control basada en inteligencia artificial. Lattice actúa como columna vertebral digital: conecta sensores, radares y efectores (los sistemas que neutralizan la amenaza) en una red distribuida que detecta, clasifica y rastrea drones enemigos. Según la compañía, el tiempo entre la detección de una amenaza y la orden de interceptación se mide en segundos.Según ha publicado Breaking Defense, Matthew Steckman, presidente y director comercial de Anduril, ha subrayado que el contrato marco en sí no lleva dinero asociado: es un techo de gasto que elimina la fricción burocrática en las compras. Cada orden de trabajo posterior se negocia por separado, pero con condiciones de precio ya pactadas, lo que permite a cualquier unidad del Ejército —y, por extensión, a todo el Departamento de Defensa— acceder a la tecnología antidrones sin pasar por procesos de contratación que pueden alargarse meses.Silicon Valley se afianza en el PentágonoLa adjudicación a Anduril no es un caso aislado. En agosto de 2025, Palantir —otra empresa nacida en Silicon Valley con vocación de defensa— obtuvo un contrato empresarial similar, valorado en 10.000 millones de dólares, para sus herramientas de análisis de datos e inteligencia. Ambos acuerdos reflejan un giro en la política de adquisiciones del Pentágono, que busca integrar tecnología comercial de última generación en lugar de depender solo de los grandes contratistas tradicionales.El modelo tiene ventajas claras: precios prefijados, acceso rápido y competencia mantenida, ya que el Ejército ha reabierto la solicitud de información para incorporar a más empresas al programa. Pero también genera dudas sobre la concentración de capacidades críticas en un puñado de firmas tecnológicas. La dependencia de plataformas propietarias como Lattice podría dificultar la interoperabilidad con aliados o limitar las opciones de la Administración si la relación comercial se deteriora.Lo que resulta innegable es que los drones han cambiado las reglas del campo de batalla. Los conflictos recientes —desde Ucrania hasta Oriente Medio— han demostrado que las aeronaves no tripuladas de bajo coste pueden saturar defensas diseñadas para amenazas mucho más caras. Responder a esa asimetría exige sistemas rápidos, conectados y capaces de crecer con la amenaza, justo lo que empresas como Anduril prometen ofrecer.