Durante muchos años los países árabes del golfo Pérsico se vendieron en el mundo como un remanso de estabilidad en una región intermitentemente consumida por la guerra, una reputación que les ha servido para atraer talento e inversión e integrar sus economías como actores globales de primer orden. Un estatus que corre ahora un serio peligro. Irán ha concentrado en sus vecinos del Golfo muchas de sus represalias a la agresión lanzada por Israel y Estados Unidos, una campaña que ha puesto en la diana las bases e intereses estadounidenses en sus respectivos territorios, pero también a hoteles, aeropuertos, centros de datos o infraestructuras energéticas. El golpe para la región y la economía mundial es severo. Y no solo por el petróleo o el gas. Esa media docena de petroestados controla el 40% de los activos de los fondos soberanos del mundo, una de las líneas de liquidez de la economía mundial.Seguir leyendo....