La NASA no entendía por qué el asteroide Bennu era tan raro: acaban de descubrir la causa

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El asteroide Bennu ha acaparado gran parte de la atención de la comunidad astrofísica. No en vano, está catalogado como un objeto potencialmente peligroso debido a la probabilidad, aunque muy baja, de que impacte contra la Tierra en un horizonte lejano que los expertos sitúan entre los años 2178 y 2290.Su importancia se puso de manifiesto con la misión OSIRIS-REx de la NASA, que recopiló muestras del asteroide y las trajo hasta nuestro planeta en 2023 para profundizar en su estudio. Esas muestras han servido para esclarecer una cuestión que tenía en vilo a los expertos a raíz de la rápida pérdida de temperatura que presentaba el asteroide en cuanto dejaba de ser afectado por los rayos del sol.Cuando la superficie encontrada no responde a la idea previaEn la investigación, publicada en Nature Communications, han participado miembros de la Universidad de Arizona y de la Universidad Johns Hopkins en Estados Unidos así como científicos de la Universidad de Nagoya en Japón. El equipo lo ha liderado Andrew Ryan, quien impulsó desde el Laboratorio Lunar y Planetario de la Universidad de Arizona el estudio tras los datos aportados por la misión espacial de la NASA a su llegada a Bennu en 2018.En aquel momento, los científicos y astrónomos esperaban encontrar una superficie que mostrara un desarrollo liso y suave, como la arena, que explicara el ciclo térmico reflejado en los datos obtenidos previamente mediante la observaciones telescópicas de las propiedades térmicas del asteroide.En lugar de eso, las imágenes ofrecieron un paisaje repleto de rocas de gran tamaño y un terreno angosto e irregular, algo que no encajaba con ese aspecto que apuntaba al rápido proceso de calentamiento y enfriamiento de Bennu. Los científicos se habían decantado por considerar una superficie arenosa debido a la capacidad de estas finas partículas para disipar el calor, pero el asteroide les devolvió otra cara.Para esclarecer esa cuestión hubo que esperar hasta tener en la Tierra las muestras recogidas por la misión OSIRIS-REx. Lo primero que detectó Ryan junto a su equipo fue que las rocas presentaban una estructura muy porosa, aspecto que podía explicar en parte esa pérdida de calor.Fotografía de parte de las muestras obtenidas por la misión OSIRIS-REx - NASA/Scott EckleyAsimismo, los investigadores observaron que las rocas presentaban numerosas grietas en su estructura. Este hallazgo fue confirmado mediante estudios de tomografía computarizada de rayos X y otras pruebas realizadas con termografía síncrona por parte de los diferentes centros involucrados en el estudio, que de ese modo sumaron el factor que les faltaba a la explicación de la rápida pérdida de calor presentada por Bennu. No era solo cuestión de que estuviera formado por rocas porosas o con una estructura similar a la de una esponja, sino que había un elemento más que colaboraba en esa rápida disminución térmica: las grietas.Gracias al estudio de los restos transportados por la misión OSIRIS-REx de la NASA del asteroide Bennu y al trabajo del equipo internacional implicado en el estudio ahora se tienen más detalles de cara a entender cómo son los asteroides así como aspectos que sirven para interpretar de manera más adecuada los datos obtenidos por telescopios.  .image img { width: 100% !important; height: auto !important; }