Una empresa envía robots humanoides soldado a Ucrania, pero se caen solos: la verdad detrás del Phantom MK-1

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Dos robots humanoides fabricados en Estados Unidos han llegado al frente de la guerra en Ucrania. Se llaman Phantom MK-1 y los ha enviado Foundation, una empresa de San Francisco que asegura haber creado la primera máquina bípeda destinada al combate real. La noticia ha recorrido medios de todo el mundo con titulares que evocan ciencia ficción, pero la realidad detrás de esta máquina de acero negro y visor tintado es bastante menos espectacular.El Phantom mide 1,75 metros, pesa unos 80 kilogramos y funciona con 20 motores que deben coordinarse sin fallo para mantener el equilibrio. Su objetivo declarado es realizar misiones de reconocimiento, desactivación de explosivos y, en el futuro, portar armas convencionales como pistolas, escopetas o fusiles M-16. Sobre el papel, suena intimidante.Pero hay un problema considerable. Durante las demostraciones ante periodistas de varios medios internacionales, el robot ha mostrado una fragilidad que contrasta con la narrativa belicista de sus creadores. Y no se trata de pequeños fallos: el Phantom se desplomó en una oficina de Manhattan por culpa de una descarga electrostática.Ni una alfombra sin caerseTambién está pensado para sustituir a los trabajadores de "cuello azul", es decir, aquellos que están en fábricasEn febrero de 2026, Foundation transportó uno de sus Phantom desde San Francisco hasta la sede de un medio estadounidense en Nueva York. Lo metieron en un ataúd de plástico sobredimensionado y recorrieron más de 4.600 kilómetros por carretera. Al llegar, tuvieron que reconstruirlo. Un técnico voló desde Alemania para asistir en la reparación, y el equipo trabajó dos días antes de conseguir que el robot se mantuviese en pie.Cuando por fin lo lograron, el Phantom aguantó unos segundos en pie antes de colapsar ante los fundadores y un reportero. La causa fue un fallo en el bus EtherCAT provocado por electricidad estática, algo habitual en electrónica compleja pero letal para un sistema que aspira a operar en trincheras llenas de barro, polvo y metralla.En otra visita de periodistas a las instalaciones de Foundation, el robot se cayó varias veces con estruendos que los presentes describieron como aparatosos. Los fundadores no parecieron inmutarse, lo que sugiere que los desplomes son frecuentes durante las pruebas internas.Si una descarga estática en un edificio climatizado es capaz de tumbar al Phantom, cabe preguntarse qué pasaría en un campo de batalla donde las condiciones son infinitamente más agresivas.Contratos reales, capacidades por demostrar Pese a los fallos, Foundation no es una empresa fantasma. Ha firmado contratos por valor de 24 millones de dólares con el Ejército, la Armada y las Fuerzas Aéreas de Estados Unidos, y cuenta con el estatus SBIR Phase 3 que le acredita como proveedor militar. También tiene previstas pruebas con el Cuerpo de Marines para ejercicios de entrada en edificios mediante explosivos.Según ha publicado la revista Time en un extenso reportaje, las dos unidades enviadas a Ucrania en febrero de 2026 están destinadas a tareas de reconocimiento y apoyo logístico, no a combate directo. No tienen autorización para usar fuerza letal de forma autónoma y no se ha publicado ninguna evaluación oficial de su rendimiento en el frente.Mike LeBlanc, cofundador de Foundation y veterano de los Marines con más de 300 misiones de combate en Irak y Afganistán, defiende que existe un imperativo moral para sustituir soldados por máquinas. Pero los expertos son más cautos. Mengyu Wang, del laboratorio de IA y robótica de Harvard, estima que la realidad de los robots humanoides funcionales queda a una década de distancia. Ken Goldberg, investigador de robótica en la Universidad de Berkeley, advierte de que las expectativas actuales se están inflando sin base técnica suficiente.El historial del CEO y la sombra de SynapseSankaet Pathak en un vídeo de YouTube sobre la tecnología blockchainHay otro factor que invita al escepticismo. Sankaet Pathak, CEO y cofundador de Foundation, dirigió antes Synapse, una empresa fintech que quebró en 2024. El colapso dejó a más de 100.000 clientes sin acceso a depósitos por valor de entre 160 y 200 millones de dólares, según distintas estimaciones. Parte de esos fondos siguen sin localizarse.Meses después de aquella quiebra, Pathak levantó 11 millones de dólares para fundar Foundation. Hoy la empresa negocia una ronda de financiación superior a los 100 millones con una valoración previa de 1.000 millones de dólares y una demanda de seguimiento que alcanza los 3.500 millones. Eric Trump figura como inversor y asesor estratégico, un detalle que no pasa inadvertido en el contexto geopolítico actual.Los objetivos de producción que anuncia Pathak son otro motivo de cautela. Pretende fabricar 30.000 unidades anuales con el Phantom MK-2 (cuyo lanzamiento se espera en abril) y escalar a millones en cinco o seis años. Goldberg, el investigador de Berkeley, califica esas cifras de poco realistas. La industria de robots humanoides aún lucha por producir unidades fiables a cualquier escala, y el salto de dos prototipos a decenas de miles resulta, cuando menos, aventurado.Drones baratos frente a bípedos millonariosParece que el futuro ya está aquí, o noMientras Foundation busca titulares con su robot bípedo, la guerra de Ucrania se libra con tecnología muy diferente. Los drones son responsables de hasta el 80 % del daño en el campo de batalla, según datos de analistas de defensa. Ucrania fabricó cerca de dos millones de drones en 2025, frente a los 800.000 del año anterior. Un dron de reconocimiento cuesta unos pocos cientos de euros; un proyectil de artillería de precisión ronda los 100.000.Frente a esa lógica de coste y eficacia, un robot humanoide que necesita reconstrucción tras un viaje por carretera, que se desploma con electricidad estática y que requiere técnicos especializados para funcionar, no encaja en la ecuación real de un ejército que lleva tres años adaptándose a una guerra de desgaste.El propio LeBlanc reconoció en una entrevista que lo que encontró en Ucrania le resultó sorprendente: una guerra donde los robots —en su mayoría drones— son ya el combatiente principal y los humanos actúan como apoyo. Esa inversión de roles ya existe, pero la protagonizan máquinas pequeñas, baratas y desechables. No humanoides de 80 kilos que se caen solos..image img { width: 100% !important; height: auto !important; }.embed-error { padding: 1rem; background-color: #ffebee; border-left: 4px solid #d32f2f; margin: 1rem 0; }.embed-error p { margin: 0 !important; color: #d32f2f !important; }