Según convenga, la libertad de la patria y el derecho a defenderla pueden ser enarboladas como banderas o vilipendiadas hasta el ridículo. Así son las cosas por estos días en el mundo, especialmente en ese mundo paralelo que habitamos desde las pantallas de los móviles, donde los cobardes presumen de valientes y la simulación vale likes.Silvio Rodríguez exige su AKM para defender a Cuba de las amenazas de un enemigo histórico, del mayor asesino en serie de la historia universal: el imperialismo norteamericano; la pide como reclamó Martí salir a la manigua y dar la vida “por mi país y por mi deber—puesto que lo entiendo y tengo ánimos con que realizarlo—de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América”. Exige su AKM Silvio desde La Habana y se revuelve el avispero de siempre, indignado por “la necedad de lo que hoy resulta necio”.“Les molestan más Silvio pidiendo su AK y amigos donando ayuda a Cuba, que las amenazas de Trump al país y todo lo otro que nos hace. Del carajo las indignaciones”, escribió en su muro de Facebook el joven intelectual Iramis Rosique.Mientras el perfil de Karima Oliva, denuncia: “Ahora están horrorizados porque Silvio pidió un fusil para, en caso de ser necesario, defender su Patria. Lo andan demonizando. Pero no se horrorizan con la cantidad de armas nucleares con que el imperio cuenta, a riesgo de borrarnos a todos del mapa. Tampoco les indignan las bombas que hace unos días lanzaron sobre una escuela asesinando a casi 200 niñas iraníes, ni se han dado cuenta de las armas con que han masacrado al pueblo palestino hasta exterminarlo, fundamentalmente población civil, mujeres y niños. Estamos en medio de un genocidio, con las balas y los bombazos cayendo por todos lados y la única arma que han notado es el fusil que pidió Silvio.”Así es, amigos, la indignación y el horror son selectivos cuando no hay convicciones de fondo. No hace falta ser comunista para ser antimperialista y, mucho menos, para ponerse en la primera línea de combate cuando lo que está en juego es la soberanía de la patria, y eso fue lo que hicieron cientos, miles de cubanos en sus redes sociales: exigir, junto con el poeta, su fusil.Eso, más que indignarlos, asusta a los anexionistas y a los sietemesinos que no tienen fe en su patria, les asusta Verónica, una muchacha que no es militar, sino actriz, pero lo tiene claro: “Dónde esté ese hombre es donde está la verdad. Lo demás en humo y gente pendeja. Yo quiero la mía también”, así reaccionó a la publicación del trovador en su blog Segunda Cita, que se hizo viral y se convirtió, con la mayor naturalidad, en una suerte de challenge por amor a Cuba.Le temen a las canciones que salieron por todas partes a repetir cosas tremendas como “el deseo de cambiar cada cuerda por un saco de balas” o “su nombre y su apellido son, fusil contra fusil”, le temen a las canciones y a la cantidad de jóvenes que vuelven a cantarlas frente a las amenazas constantes de un presidente extranjero, déspota y demostradamente sanguinario contra nuestra casa, nuestra familia, nuestra isla de paz.Le temen al fusil de Silvio porque destapó con demasiada fuerza una verdad que es y será la piedra en el zapato de los apátridas y de los resentidos: si Donald Trump cree que tendrá el “honor de tomar Cuba”, somos millones los que tendremos el honor, fusil en mano, de impedirselo.