Cómics contra la Guerra

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IntroducciónVivimos tiempos oscuros, tenebrosos, violentos, trágicos… desde la invasión de Ucrania por parte de Rusia, pasando por Gaza y llegando al risketo con patas que se autoproclamó Premio Nobel de la Paz (como si el premio que ya obtuvieron Kissinger u Obama no fuera casi tan chistoso como el propio Trump), estamos viviendo una escalada violenta y armamentística terrible. Quizás empezó antes (Irak, Afganistán, Yemen, Siria, Libia…), quizás el 11S fue el inicio de la Tercera Guerra Mundial o la precuela, el ensayo, el Gernika del siglo XXI… Los libros de historia tendrán su momento (si es que hay futuro) para analizar y poner etiquetas, buscar causas peregrinas, justificaciones, explicaciones más allá de las excusas y los motivos de vergüenza ajena e inhumanidad que se están dando… pero el momento presente es el que vivimos. La amenaza es terrible y el dolor insoportable.No se si os ocurre lo mismo, pero ha llegado un momento en que un pesimismo gris y pesado atenaza el corazón, enlentece los pies, ensombrece la mirada… un momento en el que cuesta leer, en el que ya somos mayorcitos para evadirnos y evitar las consecuencias de un horror mundial y global, que notamos directamente en nuestras carnes.La cultura, el ocio, el entretenimiento han servido para conocer, empatizar o comprender el núcleo de los conflictos armados, las consecuencias del desastre, la desesperación de las víctimas, el miedo, el dolor… a veces nos han dado esperanza, otras veces consuelo, otras indignación ante el uso criminal del poder… Sea como fuere, desde zona nos hemos querido sumar a la protesta, al grito de rabia, a expresar nuestra preocupación y nuestro miedo ante la incertidumbre que vivimos como especie y sociedad. Hemos querido reivindicar obras que tratan la guerra, que nos pueden ayudar a explicar, comprender o molestar.Obras que nos dan que pensar, que nos hacen sentir y que ejemplifican nuestro rechazo a la barbarie asesina.Cocoon – Laura CalvoUna guerra es sinónimo de vidas truncadas, de sueños rotos, de futuros que ya no podrán llegar. El horror sume a las personas de a pie en la desesperanza, el miedo y el abatimiento mientras tratan de sobrevivir día a día en una realidad que se les muestra hostil y en la que, pese a todo, deben seguir adelante en medio de la devastación. Es esta oscuridad la que nos muestra KYO Machiko en Cocoon, un tomo único que publicó en nuestro país la desaparecida Editorial Kodai y que nos hace sumergirnos en la crueldad que supone todo conflicto bélico.San y Mayu son unas adolescentes normales. Van al instituto con sus amigas, sueñan con lo que les depara el futuro, comparten confidencias entre risas. Sin embargo, ese mundo en el que viven se ve ensombrecido por la guerra que está librando Japón y, aunque están lejos del campo de batalla, experimentan de primera mano horrores que jamás habrían imaginado. Aunque al principio intentan conservar su normalidad, pronto deciden ejercer como enfermeras para cuidar de los heridos en el frente y, entre bombardeos, sangre y muerte, se ven obligadas a madurar de una forma desgarradora.Basándose en acontecimientos reales que ocurrieron durante la Segunda Guerra Mundial, KYO Machiko nos traslada a un rincón de Japón sin nombre y nos muestra lo terribles que son los conflictos a través de sus protagonistas. El doloroso contraste entre su juventud, su inocencia, sus sueños, sus preocupaciones de adolescentes por un lado y la realidad que deben afrontar por otro nos hace estremecernos según vamos pasando las páginas. En ellas la autora plasma situaciones traumáticas que cambian para siempre la vida de San y sus compañeras: cuevas llenas de cadáveres, heridos que llaman a su madre antes de cerrar los ojos para siempre, decisiones aterradoras que toma la gente para no caer en manos del enemigo, sufrimientos inesperados que a veces les provocan quienes están en su propio bando… Y la pérdida de aquellos a quienes conocen, de las amigas con las que, en un tiempo que se les antoja muy lejano, reían alegres. Es imposible leer Cocoon sin que se te encoja el corazón.Sin embargo, KYO Machiko también deja lugar para la esperanza. Cuando la guerra termina, sus personajes eligen vivir por aquellos que se quedaron atrás. Sus heridas probablemente no sanen nunca —y, por supuesto, jamás las olvidarán—, pero aprenden a convivir con ellas como pueden. Ojalá también en nuestro presente aprendiéramos del horror para no repetirlo nunca más.Por último, cabe destacar la forma en que Kyo cuenta su historia. Su dibujo, aparentemente infantil, ofrece un contraste con la crueldad de lo que narra que refuerza el mensaje del manga. Por otro lado, y aunque muestra sin tapujos las desgracias y el dolor que viven sus personajes, en ocasiones se vale de elementos simbólicos muy bien empleados —la imagen de la crisálida como elemento protector, por ejemplo, tiene mucha fuerza, así como la representación de los soldados— para subrayar la crudeza de la guerra y los mecanismos que utilizan San y las demás para sobrevivir en su día a día mientras a su alrededor su mundo se hace añicos. Su narrativa es tan estremecedora como el argumento del manga y nos invita a hacer una profunda reflexión.Operación Muerte – Fer Garcia“Todo por la patria, dicen, y hay estúpidos que se alistan a ese ejército que odiamos”. Con estas palabras comienza, a calzón quitado, comienza Mizuki este alegato antibelicista de tintes autobiográficos. En él narra la experiencia de una compañía de soldados japoneses que es enviada en 1943, durante la II Guerra Mundial, a una isla de Papúa y Nueva Guinea para su ocupación y resistencia ante el avance del ejército estadounidense por el Pacífico. Allí vería morir a la mayor parte de sus compañeros en una serie de escaramuzas destinadas al fracaso y al enmascaramiento del fanatismo y el fracaso de sus políticos, que no dudaron en sacrificar las vidas de la población a la que debían servir. Aquellos hombres fueron enviados en los ataques conocidos como gyokusai u “operación muerte”, que dan título a esta obra y consistían en ofensivas suicidas en las que solo unos pocos sobrevivían.Durante el tiempo en que permaneció en esta misión, conoció el hambre extrema, el maltrato a sus subordinados y el desprecio a la vida por parte de los altos mandos del ejército japonés, contrajo la malaria y perdió un brazo en un bombardeo. Una década después de su regreso a Japón, comenzó a trabajar como mangaka, sin saber que se convertiría en uno de los más importantes de la historia, gracias al tratamiento y revitalización de la figura de los yokai y un sello personal e inconfundible. Porque Mizuki permanece fiel a su particular estilo gráfico, afilándolo un poco, creando un gran contraste entre sus diseños caricaturescos y el retrato del horror de la guerra.El autor de Kitaro enarbola un potente discurso antibelicista, decidido a mostrar la futilidad de este episodio bélico y la injusticia llevada a cabo por el gobierno japonés contra miles de familias que quedaron rotas. El relato, que comienza con cierto tono cómico para narrar las desventuras de los soldados nipones en la isla, se recrudece poco a poco con la llegada del ejército estadounidense a la isla y el enfrentamiento contra ellos, en el que las filas de la compañía japonesa van menguando, mientras los supervivientes quedan rodeados por el halo de la muerte y salvados por los caprichos del azar, sin saber cuando llegaría su hora, mientras Mizuki aumenta el uso de la tinta negra para crear una atmósfera asfixiante y concluye la historia con un barrido por el campo de batalla plagado de cadáveres deformados por el fuego enemigo, quedando como vestigio de una historia que jamás debió haber ocurrido.El Sherif de Babilonia – Enrique DoblasLa guerra es la máxima derrota. No es la última opción, no es la salida a nada, es el fracaso del entendimiento, del acuerdo, del bien común. La guerra sólo sirve a los intereses de unos pocos, y ni siquiera de monstruos (bueno…), sino simplemente gente común criados insensibles en un capitalismo extremo.De ellos va justamente esa maravilla llamada El Sheriff de Babilonia de Tom King y Mitch Gerards. Una obra que saca oro puro del cotidiano de la postguerra. Que nos demuestra como las guerras sólo se construyen a base de los deseos egoístas y cuando acaban dejan un páramo desierto de justicia, colaboración y empatía.Ambos artistas dan el do de pecho con una obra coral, poliédrica, que nos acerca a una cultura y unas situaciones desconocidas para la mayoría. Un ambiente abierto y sin embargo opresivo, un caluroso horizonte que causa una fría sensación de desespero. Las conversaciones son ásperas y el dibujo cortante.Los personajes protagonistas creados por King y Gerard, porque no se puede separar al guionista de los certeros diseños del dibujante, demuestran una intención que se acerca, al menos, a su integridad moral. Pero se mueven en un terreno que sólo los puede aproximar, como mucho, a una venganza mal dirigida y poco satisfactoria. Y en el camino más muerte, más miseria, más derrota.No a la guerra, que suene alto, que suene de todos. Por favor, no a la guerra.Watchmen – Roman de MuelasPolifacética, distópica, pesimista, interdimensional, caleidoscópica, multitemática… Watchmen no es un cómic bélico. A cualquier persona que le preguntes y conozca la obra, te dirá que trata de una aproximación realista de los superhéroes. Pero también esa misma persona admitirá que es más, mucho más.Watchmen es completísima y trata tantos temas que sirve para todo. Violencia, machismo, amor, locura, fascismo, egolatría, frustración, soledad, crimen, cultura pop, ciencia ficción, periodismo, capitalismo, política… ¿qué tema no trata Watchmen? Se puede hablar de cualquier tema a través de Watchmen.Sí, incluso de la guerra. No en vano la trama transcurre en un contexto de Guerra Fría, hechos importantes ocurren en el conflicto del Vietnam, amenaza nuclear y la cercanía de una invasión de Afganistán por parte de la Unión Soviética.Es un contexto que impregna la obra. Siempre presente. Tenemos escenas de guerra, violencia sin sentido, horror… pero no hemos seleccionado esta obra por esto. Hay muchas más que tratan estos temas con más profundidad.En Watchmen hay un detalle (de muchos) en el que vemos como se trata con un realismo (casi) involuntario pero atroz el miedo que se genera al iniciarse un conflicto bélico. En el momento en el que el Dr Manhattan se exilia en Marte por despecho (instigado por Ozymandias), cambian los equilibrios entre las superpotencias y la Unión soviética liberada de la presión que suponía el omnipotente superhéroe americano, decide invadir Afganistán.Queriendo o sin querer (seguramente queriendo e inspirado por las historias que sus mayores le contaron sobre las guerras que no vivió) Moore (y Gibbons) narran una situación en la que uno se pone en la piel del ciudadano de un mundo que se va a pique, un mundo que se lanza de cabeza a la Tercera Guerra Mundial, un mundo repleto de armas nucleares…A uno se le encoje el corazón por ver como ese mundo de ficción se aboca a un desastre inevitable, en el que le humano de a pie no tiene nada que hacer para impedir que las fuerzas aniquiladoras de USA y la URSS lleven al planeta al desastre absoluto.Además, Moore lo adorna con toda su enorme capacidad, su genialidad, con líneas de diálogo fabulosas: “Si quería vivir en un planeta rojo se podía haber quedado en la Tierra” dice un ingenioso personaje al ver el avance imparable de la Unión Soviética. Esa sensación ante la invasión de Afganistán (que ocurrió en la realidad, pero de otra manera), de desastre inminente nunca la he leído mejor en un cómic y volvió a mi cuando me enteré (por Raúl López en el grupo de Whatsapp de la redacción debo decir) de que Estados Unidos e Israel atacaban de forma masiva Irán.Así de fuerte fue el impacto de Watchmen en su momento, que me lo recordó un terrorífico, belicoso y violento hecho real del presente. Watchmen no es una obra de consuelo. Como todos sabemos Ozymandias logra la paz mundial con un sacrificio brutal de vidas. Pero el propio Dr Mahnhattan le joroba su triunfo final en una fabulosa serie de tres viñetas (también de impacto personal imperecedero) cuando Weidt (apellido alemán tiene en el genocida, como Trump, por cierto) exclama “Al final lo conseguí, Jon”, a lo que el superhéroe responde “Nada acaba nunca, no hay final” y deja a Ozymandias solo en su “triunfo” con su corazón podrido de muerte. Lo dicho, no es una obra especialmente esperanzadora, aunque al menos da idea de que existe la posibilidad de la paz, de un entendimiento entre antagonistas (esperemos que no haga falta que mueran millones), ni que sea a través de una farsa.Pero, sobre todo, Watchmen nos sirve como advertencia sobre el peligro que suponen los hombres superpoderosos, enloquecidos con delirios de grandeza, sedientes de sangre, dinero, poder y petróleo.Matadero Cinco – Jordi Molinari Hace poco fueron los Oscar 2026 y una voz discordante sonó con fuerza entre tanto chiste fácil y discursos cronometrados. Javier Bardem volvió a lanzar un «¡No a la guerra!», junto a un «¡Palestina libre!», tal y como ya hizo su familia y él en 2003 y que al no ser escuchado hemos pagado por ello en más de una ocasión. España siempre ha tenido un fuerte sentimiento antibelicista, especialmente en el sector de la cultura, en el que también nos encontramos los cómics en todos sus formatos.Matadero Cinco o la cruzada de los niños es una adaptación al medio del cómic de la novela homónima de Kurt Vonnegut. El trabajo de adaptar el texto a un formato de viñetas corrió a cargo del escritor canadiense Ryan North, mientras que todo el apartado gráfico fue obra del autor barcelonés Albert Monteys. La historia la escriben los vencedores, pero en Matadero Cinco, a pesar de ser un soldado del ejército de los Estados Unidos de América, Billy Pilgrim es más un superviviente de las atrocidades que se cometieron en nombre de la paz.La vuelta a la realidad no es fácil para el protagonista, cuyas secuelas van apareciendo en su vida a pesar que tenga periodos donde sea el mejor ejemplo del estadounidense promedio surgido de los felices años cincuenta. Una aparición de unos extraterrestres harán que la obra vaya avanzando adelante y atrás en el tiempo, pudiendo atar con más precisión de donde surgen los distintos traumas. Eso si queremos creer que, al igual que gran parte de la población de ese país, los extraterrestres existen. Porque la guerra le deja secuelas a todo el mundo salvo los altos mandos que las inician, dirigen y posteriormente se llevan los mejores botines de guerra cuando alguien decide que ya no sale rentable seguir alimentando por el momento a la industria armamentística.Nunca realmente seremos esos vencedores. Ni Javier Bardem, ni Albert Monteys, ninguno de mis compañeros ni ninguno de los lectores. Por ello, en un mundo ya asfixiante y que muchas veces puede ser una trampa mortal, nuestra única forma de lograr sobrevivir sin acabar más dañados es gritar bien alto y bien fuerte «¡No a la guerra!».Maus – Raúl GutiérrezPocos cómics se me ocurren que carguen más contra los errores de la guerra que Maus. Sí, es hablar de un cómic que todo el mundo conoce. Del punto de partida de la mayoría de lectores. De un tema muy gastado, el de la Segunda Guerra Mundial, el Nazismo y los campos de concentración. Pero es que es un clásico que ya en 1977 de la mano de Art Spiegelman (guionista y dibujante que con esta obra ganó un Pulitzer) y contando la historia de su padre, nos hablaba de los horrores (y los errores de la guerra) de qué pasa cuando aprovechándose del sistema democráctico se elije a un fascista de aspecto ridículo que decide que para salvar su país los problemas económicas y de hambruna, tiene que invadir el país vecino.Hoy tenemos a otro fascista ridículo (y de color naranja) que también ha decidido que la mejor manera de salvar a su país de los problemas que éste tiene es ivandir Irán, o Venezuela. Que en la búsqueda de hacerse gratis con el petróleo que no le pertenece trata de convencernos de que el fin justifica los medios y que todo vale si derrocamos a un dictador para cambiarlo por otro todavía peor. Para más inri, hablamos de un país que aunque se diga democrático es mucho menos democrático que Alemania en aquella época, con unos ciudadanos asfixiados por un capitalismo que no les permite ir al médico sin revisar antes si tienen ahorros suficientes para ello. Problemas reales que al fascista de color naranja en absoluto le importan, puesto que prefiere concentrarse en otros problemas imaginarios.Por si esto fuera poco, Putin hace lo que quiere con el pueblo Ucraniano, al tiempo que David se ha convertido en Goliath, reduciendo la tierra palestina a un erial infértil como resultado de un genocidio sin precedentes.Los paralelismos con la figura de Hitler y los estragos del nazismo y de la guerra a la que condujo al mundo entero son demasiados. Por eso resulta muy difícil no recomendar Maus aprovechando esta gran idea de mi compañero Román de Muelas para denunciar la situación actual a la que nos conduce la locura de Donald Trump, un hombre rico nacido dentro del privilegio más exacerbado pero que nunca tiene suficiente.Maus es una historia de sufrimiento, remordimiento y antibelicismo que explica como ni siquiera el paso del tiempo es capaz de borrar las heridas que la guerra y sus excesos hacen en seres inocentes. Una obra muy dura de leer casi en cualquier ocasión pero que hoy, se hace aún más trágica.Una obra que nunca podemos dejar de tener presente.Cráter (Caza derribado) – Antonio Valdepeñas TorresAutores como TEZUKA Osamu, MIZUKI Shigeru, MIYAZAKI Hayao, TOMINO Yoshituki o TAKAHASHI Ryosuke tienen en común haber vivido desde la infancia la guerra y posguerra de la Segunda Guerra Mundial. Todo ese ambiente y vivencias les hicieron totalmente antibelicistas en forma y fondo, y ese pensamiento de lo monstruoso que son las guerras, pero sobre todo el ser humano y los que se aprovechan de ello para todo tipo de felonías, es la constante en sus obras.Cráter de TEZUKA es una serie de relatos cortos donde tienen cabida todo tipo de temas, pero en esta ocasión, con la idea de Román de Muelas y las sensaciones que tenemos todos por lo vivido actualmente «gracias» a un genocida y su payaso de color naranja, quería hablar de Caza Derribado, una de las historias de este tomo y de las más dolorosas, que ponen de manifiesto hasta nuestros días la utilización de la guerra, su gente y el falso patriotismo.No es una historia real, dice TEZUKA, pero es algo que vemos diariamente en otros términos, por desgracia.Es la historia de Okuno, un joven piloto que puede ser cualquiera en una guerra indeterminada, que puede ser esta misma que estamos viendo atónitos. Por azares del destino nuestro protagonista acaba en una isla desierta; al no tener noticias de él, los familiares y el gobierno deciden convertirlo en un kamikaze, un mártir de la patria y el país, que con su sacrificio llevó la paz.Una mentira deleznable que vamos viendo cómo va calando en la sociedad, y para el resto de personas es una alegría: sí, la guerra se ha acabado, pero un héroe ha dado su vida. Se celebra la muerte, se da alas a que el conflicto bélico es lo mejor, heroico, una aventura épica; estar dispuesto a morir por tu país, dejarlo todo y ser un cadáver más, mientras los poderosos, los que gobiernan, mienten, destruyen nuestro bienestar, crean mentiras, más mentiras, meten odio y nos dilapidan en todos los aspectos posibles de la vida.Pero claro, ¿qué pasa si la mentira se vuelve contra ellos? Pues que sí o sí la víctima no puede recuperar su vida, tiene que morir en pos de un bien mayor.LA PATRIA, LA BANDERA, EL PAÍS, LA LIBERTAD.Esas palabras pervertidas hasta nuestros días por los auténticos monstruos -Nethanyahu, Trump, Putin, Aznar, Ayuso- que siguen sentados enciam de una ristra de cadáveres que va en aumento, beneficiándose a costa de la sangre de sus semejantes.FinEsperemos que os haya gustado esta selección y os invitamos a que compartáis las obras que consideréis del mismo tema.