Durante años, las clasificaciones por edades en videojuegos parecían un sistema estable, centrado casi exclusivamente en el contenido visible: violencia, lenguaje o temáticas sensibles. Sin embargo, ese modelo empieza a tambalearse. La reciente reclasificación de Mario Kart Tour como 18+ en algunos mercados refleja un cambio más profundo: el foco ya no está solo en lo que se ve, sino en cómo se juega.