La economía tiembla por las tensiones derivadas de la guerra de Irán. Los consumidores ya están notando poco a poco el impacto en sus bolsillos, principalmente a través del precio de la gasolina. Es en estos contextos de crisis cuando el dinero en efectivo, olvidado para muchos, toma más relevancia ante la incertidumbre. Esta semana, Riksbank, el banco central de Suecia ha recomendado a sus ciudadanos guardar dinero en efectivo en casa ante las tensiones geopolíticas en un contexto de economía fuertemente digitalizada. Aunque la recomendación del banco sueco es llamativa por el momento en el que se produce, la realidad es que el efectivo tiene un papel «crucial» en la economía y va mucho más allá de los usos en el día a día. Es una de las conclusiones que ya señaló el Banco Central Europeo (BCE) en un informe titulado 'Mantenga la calma y lleve efectivo: lecciones sobre el rol único del dinero físico en cuatro crisis' publicado en el verano de 2025. La institución responsable de la política monetaria en Europa advirtió entonces que «la demanda de billetes ha mostrado un sólido crecimiento a pesar de la continua digitalización de los pagos ». Si bien es cierto que en el conjunto de los países del euro las transacciones diarias han disminuido, el valor de la moneda física «ha aumentado significativamente en las últimas dos décadas». El estudio muestra la importancia del efectivo y el comportamiento de la población en diversas situaciones de emergencia que han ocurrido en las últimas décadas: desde la crisis de deuda de Grecia en el 2008 hasta el apagón que sufrió la Península Ibérica el 28 de abril de 2024, pasando por la invasión de Rusia en Ucrania o la pandemia. «El valor de los billetes en circulación ha mantenido de forma constante una participación superior al 10% del PIB de la zona euro durante los últimos diez años, con un aumento temporal durante los años de la pandemia de COVID-19 y una moderación desde el segundo semestre de 2022 debido al aumento de los tipos de interés», explica el BCE. Así, el BCE concluyó que ante episodios de crisis «cuando la estabilidad se ve amenazada» el efectivo se vuelve útil. El factor común de esas crisis fue el acaparamiento preventivo de moneda física. «Ofrece una utilidad psicológica y práctica distintiva, lo que explica su bien documentada permanencia global», destaca el análisis. También «ofrece certeza sobre su valor nominal, acceso inmediato y privacidad» entre sus ventajas. El organismo destacó que «ningún sistema es infalible», pero en estas situaciones el efectivo general una 'externalidad positiva' o una «red de liquidez para la comunidad de la zona euro». De hecho, el regulador lo califica como un «seguro social» contra «una inestabilidad sistémica grave». También puede ser un contrapeso a la concentración de poder dentro de los sistemas de pago. De esta manera, el informe sostiene que es «crucial» ante crisis y recuerda que bancos centrales de distintos países de la zona euro o agencias de protección civil recomiendan que se guarde alguna cantidad de efectivo en casa. El BCE señala en el informe que la pandemia de 2020 «desencadenó un aumento extraordinario y sostenido de la demanda de billetes en euros». Insisten, además, que incluso a principios de 2021, el exceso de circulación seguía siendo considerable. En este caso, ese aumento se produjo incluso «a pesar de una disminución simultánea para las transacciones cotidianas», un hecho que el Banco Central Europeo califica como «la paradoja de los billetes». Esta acumulación se debió a la incertidumbre por la emergencia sanitaria. En el caso del apagón del pasado mes de abril demostró, según el organismo, «el papel crucial del efectivo físico cuando fallan la infraestructuras digitales». El gasto con tarjetas físicas se desplomó en comparación con zonas no afectadas. BBVA Research tomó una muestra de 4.500 cajeros españoles y los datos permiten al BCE señalar que hubo una «marcada divergencia en la demanda de efectivos» antes y después del cero energético. Los días previos las retiradas fluctuaron con normalidad, el día del apagón se desplomaron y los días posteriores «se produjo un marcado aumento de retiro de efectivo que superó ampliamente los niveles típicos». Así, analiza la institución, se vio claramente la doble función del efectivo como método de pafo resistente y como reserva de valor. Con la invasión de Rusia a Ucrania se vivieron episodios similares. Los países vecinos vivieron un aumento significativo de la demanda de efectivo, un comportamiento en respuesta a la incertidumbre. En cuanto a la crisis de deuda de Grecia esa incertidumbre y la evolución de las perspectivas para el programa de ajuste macroeconómico aumentaron la demanda de efectivo. El BCE aporta un dato: la emisión neta mensual de billetes por parte del Banco de Grecia se disparó hasta un máximo histórico de casi 5.000 millones de euros en junio de 2015. La cantidad de efectivo en casa no tiene que ser exagerada sino que permitan, por ejemplo, realizar compras esenciales durante unos días. En este sentido, las autoridades de Países Bajos o Finalandia recomienda que las cantidades sean entre 70 y 100 euros por miembro de hogar o para cubrir necesidades durante 72 horas. Sobre el caso de Suecia, se ha recomendado guardar 1.000 coronas en efectivo por adulto, lo que equivale a unos 90 euros. «Debe considerarse como referencia y está destinada a cubrir una semana de compras esenciales. Los hogares pueden necesitar más o menos efectivo disponible, dependiendo del número de personas en el hogar o de sus necesidades específicas. Siempre que sea posible, se recomienda a los hogares mantener efectivo en varias denominaciones», advierte Riksbank.