Estados Unidos e Israel impulsan una cruzada internacional con varias guerras vinculadas entre sí

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EEUU e Israel son los máximos responsables de la escalada en Oriente Próximo al lanzar unos ataques ilegales que han puesto en peligro toda la región y que contribuyen a ampliar la impunidad global La ONU alerta de “una espiral sin control” ante la guerra de Irán mientras Trump descarta dialogar y Moscú ayuda a Teherán El Gobierno israelí llevaba mucho tiempo buscando un ataque contra Irán. El primer ministro Benjamín Netanyahu recordó esta semana que estos bombardeos, junto con el asesinato del ayatolá Jamenei, le permiten “lograr lo que he anhelado desde hace cuarenta años”. Para justificarlo, ha echado mano de la misma excusa que empleó el Gobierno israelí —laborista— en 1967, cuando Israel invadió Jerusalén Este, Cisjordania, Gaza, los Altos del Golán sirios y el Sinaí egipcio, asegurando —sin pruebas— que, si no lo hacía, Egipto y Siria tomarían la delantera con un ataque militar. El concepto de 'guerra preventiva' para justificar ataques ilegales –e incluso ocupaciones que se perpetúan en el tiempo– no nació ayer. Con su ataque contra Irán, Israel persigue el debilitamiento e incluso el colapso de uno de los Estados más grandes de la región, lo que le permitiría reforzar su hegemonía regional y afianzar su anexión ilegal de territorios palestinos y sirios, ampliada y consolidada estos dos últimos años, a través del genocidio en Gaza. El Gobierno israelí necesita un escenario regional de enfrentamiento y de caos, porque es en la guerra donde Tel Aviv siempre ha conseguido lo que el derecho internacional le niega: territorio ajeno, robo de recursos naturales y normalización de la segregación contra la población palestina. “Segregación” es la palabra empleada por la Corte Internacional de Justicia para referirse a la discriminación y a la represión que Israel aplica en los territorios ocupados palestinos. La organización de derechos humanos israelí B'Tselem alertaba esta semana de que Israel puede aprovechar los ataques ilegales contra Irán “para expandir aún más su limpieza étnica de palestinos en Cisjordania”. Con la justificación de esta nueva guerra, el Ejército israelí ha bloqueado Gaza y ha cerrado buena parte de sus checkpoints en Cisjordania, lo que ha dejado encerrada a la población palestina en numerosas localidades, mientras grupos de colonos han intensificado sus ataques. Expertos de Naciones Unidas también denunciaban hace dos días que Israel está alterando la composición demográfica y el estatus legal de Jerusalén, en actos que “constituyen una limpieza étnica”. La posición de Reino Unido y de la Unión Europea ante el genocidio israelí en Gaza los coloca en el bloque internacional liderado por Washington y contribuye al contexto de escalada bélica e impunidad global Cómo se llegó hasta aquí EEUU e Israel son los máximos responsables de la escalada en Oriente Próximo al lanzar unos ataques ilegales que han puesto en peligro la estabilidad en la región y que contribuyen a ampliar la impunidad global. Este escenario podría haberse evitado si hubiera habido una respuesta contundente contra el genocidio israelí por parte de los mayores socios de Israel. Pero tanto Washington como varias potencias europeas facilitaron las matanzas de palestinos, el apartheid israelí y la ocupación ilegal, no solo estos dos últimos años, sino desde hace décadas. La postura de la Unión Europea también ha contribuido a la situación actual, con acuerdos preferenciales con Tel Aviv. Pese a la petición de la Corte Internacional de Justicia, que indicó la necesidad de “suspender relaciones comerciales y de inversión que contribuyan a la situación de los Territorios Ocupados Palestinos”, en referencia a la ocupación ilegal y la segregación, Bruselas mantuvo y mantiene su Acuerdo de Asociación y sus alianzas con Israel. En junio de 2025, Reino Unido, Francia y Alemania respaldaron a Estados Unidos y a Israel en sus ataques ilegales contra Irán y Washington pudo hacer uso de sus bases militares en varios países europeos, incluidas las de Rota y Morón. Esa guerra de doce días contra Irán fue el prólogo de la Cumbre de la OTAN, celebrada días después, a la que asistieron todos sus integrantes, y en la que Estados Unidos —líder de esa alianza militar— exigió un gasto militar del 5% del PIB a sus socios. El Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo alertó entonces de que el aumento del gasto militar demandado por la OTAN “refleja un alejamiento de una cultura que promueva la paz a través de la cooperación, el diálogo, el respeto al derecho internacional, el cumplimiento de compromisos internacionales en beneficio del bien común y la resolución pacífica de conflictos”. Un año antes, en 2024, mientras Israel avanzaba en su proyecto de genocidio y los aliados europeos mantenían sus relaciones habituales con Tel Aviv pese a las advertencias de la Corte Internacional de Justicia, Israel bombardeó la embajada de Irán en Damasco, la capital siria. En ese ataque mató a trece personas, entre ellas un general y varios integrantes de la Guardia Revolucionaria Iraní. Tras ello, Estados Unidos, Reino Unido y Francia, miembros permanentes del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, usaron su poder de veto para evitar una condena en el seno de la ONU contra ese ataque ilegal. Además, la mayoría de los gobiernos occidentales rehuyeron criticar ese bombardeo israelí. La Unión Europea y Reino Unido son aliados de Estados Unidos y pertenecen a ese bloque internacional. Buena parte de los Veintisiete son, además, integrantes de la OTAN, alianza militar liderada por Washington. EEUU ha contribuido activamente al genocidio en Gaza y los países europeos mantuvieron durante estos dos últimos años de matanzas en la Franja relaciones económicas, comerciales y armamentísticas con Israel. Como señala la Comisión de Investigación designada por Naciones Unidas, los Estados del mundo —pero más aún, los aliados de Tel Aviv— tenían la obligación de “prevenir y sancionar el genocidio”. Durante dos años seguidos no se hizo. Las líneas rojas se diluyeron y la impunidad se afianzó, dando paso a un nuevo contexto internacional en el que se ha normalizado la ley de la fuerza, en detrimento del derecho y de la legalidad internacional. Reino Unido ha aportado armamento y apoyo al Ejército israelí en su genocidio en Gaza. Para ello ha sido clave la base militar británica situada en Chipre, la RAF Akrotiri, para cuya protección varios países europeos envían ahora fragatas y cazas Las guerras interconectadas En este escenario el belicismo se abre camino. Nada empieza hoy. Con la prolongación de la guerra de Ucrania, la UE es más dependiente de Estados Unidos, al que compra más gas licuado que antes y a un precio más elevado. Varios países europeos han tenido que hacer frente a un aumento de la inflación y han optado por más gasto militar, en detrimento de inversiones sociales siempre necesarias. Los Veintisiete afrontan más riesgos y amenazas y Trump se aprovecha de esa vulnerabilidad europea generada por el contexto bélico y el crecimiento de la impunidad global. La Unión Europea no se movilizó políticamente para exigir a EEUU y a Israel la paralización de los crímenes contra la Franja, pese a que dispone de herramientas para hacerlo, como primer socio comercial de Israel en el mundo y como gran comprador de armamento israelí en 2024, año en el que Tel Aviv aumentó sus ventas de material militar a Europa. No solo eso: varios países europeos proporcionaron material o ayuda militar a Israel. Es el caso de Reino Unido, que ha aportado armamento, información de inteligencia y apoyo al Ejército israelí en su genocidio en Gaza. Para ello ha sido clave la base militar británica situada en Chipre, la RAF Akrotiri, desde donde se realizaron numerosos vuelos británicos hacia la Franja para vigilar y recopilar información de inteligencia, con aviones de reconocimiento. Esa base, usada para apoyar a Israel durante su genocidio en Gaza, fue atacada esta semana por drones que no procedían de Irán, sin que se produjeran daños notables porque la mayoría fueron interceptados. Es esa base militar británica la que ahora van a proteger varios países europeos. Francia, Grecia y Reino Unido han anunciado el envío de fragatas y aviones de combate para reforzar la seguridad en la base de Chipre. Londres ha autorizado a EEUU a usar sus bases militares y este sábado ya aterrizaron cuatro bombarderos estadounidenses en la base británica de Fairford. Italia, Países Bajos y España también han anunciado envíos de fragatas al Mediterráneo Oriental. Para defender el genocidio israelí, el Gobierno laborista británico ha impulsado un serio retroceso en derechos y libertades, con arrestos, multas, encarcelamientos e incluso acusaciones de terrorismo contra pacifistas que protestan contra las matanzas de niños y niñas en Gaza El belicismo Las amenazas estadounidenses contra Groenlandia o Cuba, el apoyo de Estados Unidos al Gobierno de Netanyahu y sus bombardeos contra Venezuela e Irán forman parte de una misma guerra internacional, con conflictos interconectados. Israel, gran aliado de Washington, quiere ampliar su hegemonía regional en Oriente Próximo y EEUU pretende obstaculizar el crecimiento económico de China, país que importa de forma habitual crudo venezolano e iraní, aunque no depende exclusivamente de estos suministros. Tanto Israel en Oriente Próximo como EEUU en su perímetro global buscan acceso a yacimientos y rutas. Washington persigue reforzar el control del precio y el flujo del petróleo y el gas, y conseguir más clientela, como ya logró con países europeos, aprovechando el marco y las consecuencias de la guerra de Ucrania. El pasado mes de octubre el ministro de Defensa alemán, el socialdemócrata Boris Pistorius, integrante de la coalición liderada por el conservador Merz, afirmó que algunos historiadores creían que el pasado verano podía haber sido “nuestro último verano en paz”. En la apuesta por el aumento del gasto militar y en el abrazo a un discurso que presenta la escalada como inevitable y necesaria, hay una voluntad de profecía autocumplida, en un bucle belicista que amenaza los intereses de las mayorías sociales europeas y del mundo. Pastores evangélicos rezan con Trump en el Despacho Oval esta semana por "nuestro presidente" y "nuestras tropas" El nuevo (des)orden El nuevo (des)orden mundial está marcado por ese empeño en todas sus variantes, incluidas las que se usan en suelo europeo: represión y control coercitivo. Para defender el genocidio israelí, el Gobierno laborista de Reino Unido ha impulsado un serio retroceso en derechos y libertades, con arrestos, multas, encarcelamientos e incluso acusaciones de terrorismo contra pacifistas que se manifiestan contra las matanzas de niños y niñas en Gaza. Esa represión también es aplicada en otros países occidentales, como EEUU o Alemania. En el marco actual son penalizadas, perseguidas, estigmatizadas o tergiversadas voces que alertan de los peligros de la normalización de la escalada bélica. Ocurre en el corazón de Europa y de ello advierte la relatora de la ONU para la libertad de expresión y de protesta, Irene Khan. Estamos en un momento inédito que requiere respuestas diferentes, en un contexto de crecimiento de la extrema derecha europea, con una campaña estadounidense contra las Cortes de La Haya, contra el derecho internacional y contra Naciones Unidas. Pese a ello, Bruselas insiste en sus alianzas primordiales con Washington, situándose en el bloque internacional que legitima acciones colonialistas, bombardeos ilegales y crímenes internacionales. En este escenario se inscriben las guerras de EEUU e Israel en nombre de Dios y de la libertad.