Estados Unidos ha incrementado su presión sobre Brasil debido a las políticas que buscan fortalecer la autonomía financiera del país sudamericano, incluyendo iniciativas que apuntan a una desdolarización de la economía, la regulación de grandes empresas tecnológicas y el sistema de pago autónomo Pix.Gilberto Maringoni, profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad Federal de ABC (UFABC), en el estado de São Paulo, Pix es otra amenaza a la hegemonía del dólar y el poder político-financiero de Washington junto a otros sistemas de pagos y transferencias como el chino y el ruso.La preocupación del Gobierno estadounidense se evidenció el 2 de abril de 2026, con la publicación de un informe crítico sobre Brasil. Esta fecha marcó el primer aniversario del decreto de aumento de aranceles que afectó a varias naciones, incluyendo al gigante sudamericano.Según Maringoni, la coyuntura no fue casual, sino un claro mensaje de Washington. El informe surge en un momento clave, mientras Brasil avanza hacia la regulación de las grandes empresas tecnológicas, una medida que genera fuerte disgusto en Estados Unidos.El profesor Maringoni enfatizó que el reciente discurso del senador Flávio Bolsonaro, precandidato presidencial, se sumó a este escenario de presión. Bolsonaro, a quien Maringoni calificó como «traidor a la nación», declaró que el presidente Lula es «antiamericano» y busca «perjudicar los intereses estadounidenses», señalando específicamente que Brasil quiere «salir de la economía del dólar».Esta afirmación es central para entender la preocupación de Washington ante los movimientos de Brasilia hacia una mayor autonomía financiera.Frente a este complejo panorama, Maringoni destacó la respuesta «con mucha inteligencia» del presidente Lula, quien retomó la narrativa de la soberanía nacional. Lula afirmó categóricamente: «No, nadie toca nuestra soberanía», una declaración que reafirma la postura de Brasil de defender su independencia económica y política frente a las injerencias externas, especialmente en temas tan sensibles como la desdolarización y la regulación de sectores estratégicos.La confrontación subraya la determinación de Brasil de fortalecer su autonomía financiera y consolidar un modelo económico menos dependiente del dólar, en un escenario en el que EE.UU. ha empleado la hegemonía de su moneda y su control sobre el sistema financiero internacional para controlar, sancionar o influir en la política de otros países.