El pueblo irlandés donde los niños crecen sin teléfonos

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En una pequeña localidad costera de Irlanda, familias y colegios han decidido poner en marcha un experimento social y retrasar el acceso de los menores a los teléfonos inteligentes. Conoce el resultado de esta iniciativa que está despertando interés internacional.Ansiedad, sedentarismo, aislamiento, acceso a contenidos inapropiados o riesgo que padecer acoso, son algunos de los peligros de usar el móvil en la infancia.En España, la edad media de acceso al primer teléfono móvil inteligente es de 10,8 años. Casi el 70% de los niños comienza a usar estos dispositivos antes de los 11 años y un 94,8% de menores poseen un smartphone con conexión a internet a los 15 años. En plena era digital, con estos datos —que no difieren mucho de los del resto de Europa, Latinoamérica o Estados Unidos—, ¿es posible una infancia más analógica, donde el juego, la conversación y la interacción directa sigan siendo protagonistas? El experimento de GreystonesEn Greystones lo han conseguido. Se trata de una localidad de 18.140 habitantes, perteneciente al condado de Wicklow, en Irlanda. Allí, la comunidad entera se ha puesto de acuerdo para retrasar el uso de smartphones en los niños y niñas a través de un modelo que ya despierta curiosidad dentro y fuera del país.Imagen aérea de Greystones, en el condado irlandés de Wicklow.A diferencia de China, Francia o Australia, cuyos gobiernos lideran restricciones al uso de redes sociales y móviles por los menores, aquí la iniciativa no surge de una ley ni de una imposición institucional, sino de un pacto social. Padres, madres y centros educativos han decidido actuar ante una preocupación compartida: el impacto de este tipo de tecnología en la infancia.Un acuerdo comunitario inéditoTodo comenzó cuando las asociaciones de padres de ocho escuelas de primaria del municipio, por iniciativa de Rachel Harper, directora de la de San Patricio, se unieron para establecer una norma común: los menores no tendrán smartphone hasta llegar a la educación secundaria, lo que en Irlanda sucede entre los 12 y los 13 años.Padres y profesores del pueblo irlandés Greystones prohíben el uso de teléfonos móviles a los menores de 12 años pero, ¿y en #Andalucía con qué edad se les da ya su primer móvil?Hoy, @Rociogelo_m ha ido a hablar con algunos padres en #ADirecto @canalsur pic.twitter.com/C21dIzClkM— Andalucía Directo (@adirecto) June 8, 2023La idea inicial era la siguiente: si todos los niños seguían la misma regla, desaparecería la presión social que suele empujar a muchos padres a comprar un móvil antes de tiempo. En palabras de algunas familias, se trataba de evitar que sus hijos se sintieran “los únicos sin teléfono”.Al final, la clave del éxito fue precisamente esa: convertirlo en un compromiso compartido; hacer que la decisión colectiva estuviera por encima de la individual. Estableciendo una norma común se elimina el miedo a la exclusión y todos los niños y niñas están en la misma situación, lo que facilita mantener el acuerdo.Menos ansiedad, una infancia más sanaUno de los principales motivos detrás de esta decisión es la preocupación por la salud mental de los menores. Padres y educadores detectaron un aumento de la ansiedad infantil vinculado al uso temprano de dispositivos móviles y redes sociales.La experiencia de Greystones ha servido para que los niños y niñas tengan más tiempo para jugar, explorar y relacionarse.Además, el acceso a contenidos inapropiados y la exposición a dinámicas digitales peligrosas —en especial, el ciberacoso— eran factores que inquietaban a la comunidad de Greystones.Es cierto que retrasar el uso del smartphone no elimina todos estos riesgos, pero sí reduce su impacto en una etapa especialmente vulnerable del desarrollo. De momento, en esta localidad irlandesa, los resultados son positivos: menos ansiedad, menos comparaciones digitales y más tiempo para jugar, explorar y relacionarse cara a cara.Un debate abiertoEl modelo no está exento de críticas, sobre todo porque hay quienes consideran que retrasar el acceso a la tecnología puede generar una brecha digital o dificultar la adaptación futura. También están los que defienden que la clave no está en prohibir, sino en educar.Sin embargo, lo que hace único a este caso no es la medida en sí, sino la forma en que se ha implementado: la decisión sobre la forma en la que debe crecer una generación se toma desde la comunidad, de manera voluntaria y coordinada.Artículo relacionadoAsí es como TikTok o Instagram destruyen playas, montañas y otros parajes naturalesY, en cualquier caso, Greystones se ha convertido en un experimento social que invita a reflexionar sobre la oportunidad de involucrar a la infancia en un mundo hiperconectado y a sus riesgos.