En su primer viacrucis como Papa, León XIV ha cargado con la cruz durante toda la oración, de más de una hora, ante varios miles de personas y evocado la Pasión de Cristo al hilo de reflexiones escritas por un fraile de Tierra Santa, que evocaban la guerra y violencia actual en Oriente Medio. Pasadas las nueve de la noche, el Papa se ha trasladado hasta el Coliseo de Roma, donde desde los años 60 los Pontífices rezan cada Viernes Santo un viacrucis a la luz de las antorchas. El Pontífice sostenía con ambas manos el palo central de la cruz, que no es pesada pero sí incómoda de sostener. También la llevó así Juan Pablo II todos los años entre 1980 y 1994. Sus otros predecesores, como Pablo VI, Benedicto XVI o Francisco, solían portarla sólo en la primera y en la última estación. Durante este rezo se citan 14 episodios de la Pasión de Cristo y se lee una reflexión sobre cada uno para aplicarlos a la actualidad. Hace meses, el Papa invitó a escribir este texto a Francesco Patton , que como «custodio franciscano de Tierra Santa» administró la mayoría de las iglesias y lugares ligados a la vida de Jesús. En el texto, Patton encuentra muchos paralelismos entre la Pasión de Cristo y las actuales guerras. Por ejemplo, nada más empezar plantea cómo «en tu coloquio con Pilato, Señor Jesús, desenmascaras toda presunción humana de poder. También hoy algunos creen que han recibido una autoridad sin límites y piensan que pueden usarla y abusar de ella a su antojo». «Toda autoridad deberá responder ante Dios por el propio modo de ejercer el poder recibido: el poder de juzgar, pero también el poder de comenzar una guerra o de terminarla; el poder de educar a la violencia o a la paz; el poder de alimentar el deseo de venganza o el de reconciliación», dice. Recordando a la Virgen María en el Calvario, reza por quienes «sufren torturas y penas injustas» y menciona a «tantísimas madres que hoy todavía ven a sus propios hijos arrestados, torturados, condenados, asesinados». O en la estación en que sortean la túnica de Cristo, acusa a «los regímenes autoritarios, que obligan a los prisioneros a permanecer semidesnudos en una celda vacía o en un patio». También, a quienes «autorizan y utilizan formas de inspección y control que no respetan la dignidad de la persona» o a los medios «cuando expolian a las personas ante la opinión pública». Al hablar del permiso necesario para enterrar a Jesús, glosa que «nunca debería haber cadáveres que no sean restituidos ni sepultados; las madres, los familiares y los amigos de los condenados nunca deberían verse obligados a humillarse ante las autoridades para que les restituyan los restos martirizados de un ser querido». Junto al Papa han rezado unos ocho mil peregrinos, que han escuchado las meditaciones en religioso silencio. Por su parte, León XIV, que también ha seguido con mucho recogimiento la oración, la ha concluido con una bendición bíblica: «Que el Señor vuelva su rostro hacia ustedes y les conceda la paz».