Presión por un lado, o por varios: de las amenazas de algún tipo de intervención por la fuerza al embargo energético. Del otro lado, negociaciones entre bambalinas, reconocidas por las dos partes, y algún gesto de suavización del bloqueo para mantener la precaria economía de la isla en régimen de respiración asistida: esta semana se permitía la llegada de un petrolero ruso e indicar que en el futuro se decidirán otros arribos “caso por caso”. Es la doble estrategia de Donald Trump hacia Cuba, el país que él mismo ha admitido que es el “siguiente” de su lista cuando haya dado por resuelta la ofensiva contra Irán. Seguir leyendo