Apenas catorce kilómetros separan la punta sur de España de la costa marroquí en el punto más estrecho del paso que conecta el Mediterráneo con el Atlántico. Esa franja de agua que hoy parece inamovible tiene, sin embargo, fecha de caducidad según la geología. Un equipo de investigadores europeos ha desarrollado un modelo informático tridimensional que muestra cómo las fuerzas tectónicas terminarán cerrando el Estrecho de Gibraltar y soldando de nuevo los continentes europeo y africano.La idea de que África avanza hacia Europa no es nueva. Los geólogos la manejan desde hace décadas, pero hasta ahora faltaba un modelo cuantitativo capaz de simular el proceso con cierto detalle. El trabajo, publicado por la Geological Society of America, pone cifras y plazos a ese movimiento y permite visualizar cómo se deformarán las placas a lo largo de millones de años.Conviene precisar que cuando los autores del estudio hablan de que el cierre ocurrirá "pronto", se refieren a la escala temporal de la Tierra. En términos humanos, nadie que lea estas líneas verá desaparecer el Estrecho. El proceso tomará varios millones de años, un suspiro para un planeta que acumula más de 4.500 millones.La simulación que anticipa el cierreEl estudio es fruto de la colaboración entre la Universidad de Lisboa y la Universidad Johannes Gutenberg de Maguncia. Según publica la Geological Society of America, los investigadores João Duarte y Filipe Rosas, del Instituto Dom Luiz, y Nicolas Riel, Anton Popov, Christian Schuler y Boris Kaus, de la universidad alemana, construyeron una simulación que reproduce el comportamiento de las placas tectónicas en la zona del arco de Gibraltar.Lo que el modelo muestra es una zona de subducción incipiente: la placa africana se hunde bajo la europea con una lentitud extrema pero constante. Ese empuje comprime la corteza terrestre en la región del Estrecho y, con el tiempo, acabará eliminando el paso de agua entre los dos continentes. Algo parecido a lo que sucedió hace unos seis millones de años durante la llamada crisis de salinidad del Messiniense, cuando el Mediterráneo quedó aislado y se evaporó en gran parte. La historia de las placas tectónicas perdidas demuestra que la superficie del planeta se reconfigura sin cesar.El modelo no se limita a predecir el cierre del Estrecho. También sugiere que la colisión entre ambas placas provocará una reorganización de toda la cuenca mediterránea, con consecuencias para la sismicidad de la península ibérica. Otras simulaciones recientes apuntan a que una placa perdida de Pangea sigue alterando la dinámica del manto terrestre bajo nuestros pies.Un planeta en movimiento perpetuoQue los continentes se desplazan es un hecho verificado desde mediados del siglo XX, pero la velocidad del proceso —unos pocos centímetros al año— lo hace invisible para la experiencia cotidiana. La gracia del nuevo estudio reside en que permite comprimir millones de años en una simulación y observar cambios que de otro modo escaparían a la percepción de cualquier generación humana.El cierre del Estrecho de Gibraltar no sería un fenómeno aislado. Forma parte de un ciclo más amplio, conocido como ciclo de Wilson, por el que los continentes se unen y se separan a lo largo de centenares de millones de años. En algún momento del futuro remoto, toda la masa continental podría volver a concentrarse en un supercontinente, tal como ocurrió con Pangea. Los fondos oceánicos guardan pistas de esos desplazamientos, y el trabajo de laboratorios que han replicado mecanismos tectónicos ayuda a descifrar las fuerzas que mueven las piezas del puzle.Para España, las consecuencias más cercanas no tienen que ver con la desaparición del Estrecho, sino con la actividad sísmica que genera la convergencia de placas. La serie de terremotos de baja intensidad que se registran en el sur de la península y en el norte de Marruecos es un recordatorio de que el suelo ibérico no permanece quieto. Mientras tanto, el Mediterráneo sigue conectado al Atlántico por un paso que, a escala geológica, ya tiene los días contados.