Google da un giro con la IA y se apoya en una planta de gas pese a sus promesas climáticas

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Google lleva años construyendo una imagen muy clara como una de las grandes tecnológicas más comprometidas con la energía limpia. Por eso ha llamado tanto la atención que ahora se relacione con una planta de gas natural en Texas para alimentar parte de un gran campus de centros de datos vinculado a la inteligencia artificial. Por su parte, Google no ha negado su relación con el proyecto, aunque sí ha aclarado que todavía no existe un contrato cerrado para esa planta. Al mismo tiempo, la compañía ha recordado que también impulsa un proyecto eólico en la zona. Aun así, el caso ha encendido el debate porque la solicitud de permisos apunta a que la instalación podría emitir hasta 4,5 millones de toneladas de CO₂ al año, una cifra enorme para un solo proyecto energético.La IA aprieta y las promesas climáticas empiezan a doblarseEl contexto importa mucho. Google ya había reconocido en sus propios informes que el crecimiento de la IA está complicando su hoja de ruta ambiental. En su informe medioambiental de 2025, la empresa admite que el camino se ha vuelto más difícil y presenta sus objetivos climáticos en términos más abiertos, hablando de “apuestas climáticas radicales” en vez de insistir tanto en metas cerradas para 2030.En el fondo, esto encaja con un problema más amplio que ya venimos viendo. El boom de la IA no solo está cambiando la industria tecnológica, también está abriendo un frente ambiental muy serio por el enorme consumo eléctrico y de agua que exige.Y mientras algunos investigadores buscan chips y semiconductores más eficientes para reducir esa presión, las grandes tecnológicas necesitan energía ya, aunque no siempre venga de donde prometieron.Lo más llamativo de esto es que Google no está sola. Meta, Amazon y Microsoft también están recurriendo al gas para sostener nuevos centros de datos de IA, lo que sugiere que el sector está entrando en una etapa más pragmática y bastante menos limpia de lo que vendía hace unos años.La conclusión en sí es incómoda, pero bastante clara. Google sigue hablando de energía libre de carbono, sí, pero la carrera por la IA está empujando a la compañía hacia decisiones que hace no tanto habrían parecido impensables.