El fútbol de selecciones conserva un aura de misticismo cuasi sagrado que parece inmunizarlo ante cualquier lógica empresarial. Sin embargo, la lesión de Raphinha con Brasil es un recordatorio de que el sistema actual es, en esencia, un modelo que algunos clubes tendrían derecho a calificar de parasitario. El delantero azulgrana estará cinco semanas de baja tras un amistoso intrascendente, perdiéndose el tramo decisivo de LaLiga y una eliminatoria de Champions League donde el club se juega un pico de ingresos muy relevante. El desequilibrio es claro: los clubs asumen el riesgo íntegro de la inversión traspasos y salarios millonarios, mientras las federaciones sacan tajada con un producto por el que arriesgan más bien poco.Seguir leyendo....