El Madrid entrega la Liga en Son Moix

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La Liga ya es solo un asunto del Barcelona. Tanto si la gana como si la pierde. Un Madrid menor en Mallorca, con todas sus estrellas en el campo en la última media hora, se marchó de la isla de vacío. De puntos y de fútbol. Lo que había nacido en un marzo prometedor, con la irrupción de Thiago, el renacimiento de Brahim y los mejores Valverde y Vinicius, quedó sepultado en un Sábado Santo dramático para el Madrid, que cayó en Son Moix con un gol de Muriqi en el 92. Arbeloa presentó en la isla un once con varias novedades. Mbappé volvió a ser titular, algo que no sucedía desde el 21 de febrero, cuando el Madrid cayó en Pamplona (2-1) . Su regreso supuso otra derrota, la quinta de la era Arbeloa. También iniciaron el partido Manuel Ángel y Camavinga. El canterano, para darle aire a Thiago, que lo jugó todo con la sub-19. El francés, en lugar del sancionado Valverde, volvió a ser invisible. El resto, lo esperado. También la suplencia de Vini, que llegó bastante cansado del parón internacional. Fue un primer partido típico de un postparón de selecciones, en el que tienes que buscarte las habichuelas fuera del Bernabéu ante un rival que no te va a dejar ni las migas. El Mallorca, al filo del abismo, planteó el único partido que podía darle resultado. Un equipo comprometido y sólido atrás, con cuatro centrocampistas que no regalaran balones, y salidas en velocidad como arma principal para lastimar la portería de Lunin. Eso, y un portero que hiciera su mejor partido de la temporada. No tenía otra fórmula para parar al Madrid. Y vaya si lo hizo. El guion se cumplió a rajatabla. Los primeros veinte minutos pasaron de puntillas, con un Madrid lento en la circulación y poco ambicioso en campo contrario. Lo mejor fue un taconazo de Huijsen para echar el balón fuera en lugar de caer en la tentación de realizar una cesión temeraria a Lunin. Un gesto tan simplón puede hacerse con clase. Las hostilidades empezaron en el 23. Un pase al espacio de Guler lo remató de primeras Mbappé, tirándose al suelo para cazar el balón antes de que llegara Leo. Encontró una buena pierna del portero ibicenco. Un minuto después, otra vez Román le ganó el duelo a Kylian. Otro golpeo con la derecha del francés, esta vez con cierta comba, y palomita de Leo para mandar por línea de fondo el disparo del francés, que en ese tipo de situaciones suele disparar al palo corto. Esta vez, no lo hizo. En el 33, una nueva intervención del guardameta local evitó el tanto de Arda. Triplete de paradas de Leo Román para sostener a un Mallorca que no asomó demasiado por el área de Lunin, pero las dos veces que lo hizo lastimó la desidia defensiva del Madrid. Bueno, de Camavinga. Y de Trent. Exasperantes ambos. En el 35, Rudiger le quitó justo a tiempo, con la puntera de su bota izquierda, un remate a bocajarro de Muriqi. Se fabricó él solo la acción, con un reverso ante el alemán que no acabó de tumbar al teutón. El rechace, cabeceado por Morlanes, sin ninguna camiseta blanca que le encimara, acabó por encima del larguero de Lunin. Regalo del centrocampista que no se iba a repetir nueve minutos después. En el 42, un centro de Maffeo lo controló y lo remató el jugador maño como si estuviera en el pasillo de su casa. Camavinga decidió frenar la carrera de persecución conforme se acercaba al área y Morlanes, tras un control que se le fue algo alto, tuvo tiempo de bajar la pelota con un segundo toque y batir a Lunin con el interior. Si hubiera miradas que mataran, la de Rudiger a Camavinga hubiera sido una de ellas. Eduardo fue uno de los tres cambios de Arbeloa. Esperó algo más de lo habitual el salmantino, que no suele medir las sustituciones en función del cronómetro, pero esta vez hasta el 60 no agitó el árbol. Militao, Vinicius y Bellingham mandaron al banquillo a Huijsen, con amarilla, Camavinga y Manuel Ángel. Tenía media hora por delante el Madrid, con todos sus jugadores franquicia en el campo, para no dejar que el título se le fuera por completo, pero la sensación que transmitía estaba en las antípodas de un equipo que estaba perdiendo la Liga. Solo un arranque de orgullo de Militao, que cabeceó un córner en el 88 como si tuviera un pie en la cabeza, dio el empate y la esperanza de una remontada que mantuviera la ilusión por el campeonato, pero Muriqi, en el 92, la enterró. Derechazo para fusilar a Lunin, lágrimas de felicidad y gol número 19 del kosovar, a solo cuatro de Mbappé. Alegría que chocaba con el enfado de Bellingham, que gastó más energías en protestar a Sánchez Martínez cualquier tontería de la prolongación que en hacer media hora digna. La cara de resignación de Carvajal , sentado en el banquillo, con su mano derecha sosteniendo su cara, era la misma que la del madridismo. Adiós a la Liga… si el Atlético no le hace un favor esta noche. Caray.