El papel manda, lo confieso. Esta columna de Domingo de Resurrección está escrita el Viernes Santo a mediodía, después de acompañar al Nazareno y su Madre, mientras mi cuerpo intenta reponerse de tanto trabajo enloquecido, los dedos casi duelen de teclear sin descanso y los párpados pelean por no caer, reclaman las muchas horas que me debe la cama. La Semana Santa en Zamora es un tsunami humano y espiritual; un atracón de belleza que necesita días para ser asimilado; un eslabón humano que une a creyentes y no creyentes -sí, también- a la tierra como signo de identidad. Unos por tradición, otros por devoción, perpetúan a través de la Semana Santa su pertenencia a un pueblo. Es la voz... Ver Más