Cuando llevo a Teo a entrenar, paso por unas canchitas muy tentadoras. El campo es pequeño, acaban de instalar el césped artificial y las porterías son de fútbol sala. Desde el otro lado de la valla, pienso que quizá sea el momento de volver a jugar una pachanga. Pienso también quiénes estarían disponibles en 2026 para jugar una pachanga. Pienso cuánto tiempo hace que no juego de veras a fútbol. Pienso que echo de menos la sensación de tirar o devolver una pared, de meter un pasecito interior, de pedirla, de pisarla, de quedármela.Seguir leyendo....