Durante décadas pensamos que evolucionar significaba volverse más complejo. Este diminuto caballito de mar demostró que, a veces, la mejor estrategia para sobrevivir era perder justo lo que parecía indispensable

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El caballito de mar pigmeo es casi invisible en su entorno, pero no porque la evolución le haya añadido herramientas extraordinarias. Su secreto parece haber sido justo el contrario: un genoma reducido, menos recursos biológicos y una simplificación extrema que terminó convirtiéndolo en uno de los maestros del camuflaje más sorprendentes del océano.