Desde que salieron al espacio, los cuatro astronautas de la misión Artemis 2 están en un entorno donde la climatología terrestre ya no tiene ninguna importancia. Los cuatro tripulantes viven ahora pendientes de la climatología espacial. Esto significa sobre todo que dependen de lo que pueda suceder en el Sol, un gigante a veces impredecible que se encuentra en su máximo de actividad. El astro puede escupir llamaradas y vientos cargados de partículas radioactivas que podrían resultar muy peligrosos para los pasajeros de la nave Orion, que se dirigen a la Luna a más de 4.000 kilómetros por hora. Seguir leyendo