Udai no puede dejar de sonreír. Quiere casarse con una mujer con la que lleva más de un lustro saliendo. Pasan la tarde juntos, caminan de la mano por la ciudad. “Pero ¿dónde van a vivir?”, le pregunta su madre con cierta risa entre nerviosa y burlona. “No puede ser en una carpa”. El joven, alto y delgado, lo tiene claro: “Cuando termine la guerra, nos casaremos. Ahora es imposible”. Su ciudad es Gaza; la carpa es lo que le queda de casa. Su novia y él son palestinos que huyen de las bombas. La escena la atestigua la última película de Hernán Zin (Buenos Aires, 54 años), Todos somos Gaza, que le ha valido la nominación a mejor documental en los Goya 2026, pero también una gran cantidad de amenazas. “Vamos a los premios con preocupación, hemos recibido muchos insultos, amenazas de muerte y algunas en las que se manifiesta la intención de causarnos daño el día de la ceremonia”, dice. Tanto que han enviado una carta a la Academia en la que denuncian “una campaña organizada para intentar silenciar una obra que resulta incómoda” y piden que se “adopten las medidas de seguridad necesarias”. Seguir leyendo