El profesor Javier Bandrés recorre el nuevo Museo Complutense de la Psicología deteniéndose en cada objeto, durante casi cuatro horas, porque son multitud: una centenaria caja con lonchas de cerebelo de mono, un rudimentario instrumento decimonónico para medir el cráneo de un ser humano e inferir su personalidad, asombrosas ilusiones ópticas, una máquina setentera para intentar averiguar si alguien está diciendo la verdad. Al llegar a un anodino objeto negro, se pone serio. “Con este cajón y una rata se han observado fenómenos trascendentales del comportamiento humano”, proclama.Seguir leyendo