El coloso de bronce que anticipó la idea de la IA en la época antigua

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Talos representado como un joven desnudo y alado, armado con una piedra. Didracma de plata de Festos, Creta (Fuente).Imagina una figura gigantesca, forjada en metal, que patrulla incansablemente una isla, desafiando al mar y a los enemigos con su mera presencia. Antes de que la palabra «robot» existiera, antes de que surgieran los primeros autómatas medievales y dos milenios antes de que Alan Turing se preguntara si una máquina podía pensar, la mitología griega ya había concebido a Talos, un guardián implacable de la isla de Creta que combina lo divino, lo tecnológico y lo profundamente humano en una sola leyenda.Talos aparece en los relatos clásicos como un coloso de bronce creado por Hefesto, el dios herrero, a instancias de Zeus o como regalo para Minos o Europa, según las versiones. Este gigante metálico no era una estatua estática, sino un ser animado cuya misión era clara: proteger Creta de cualquier amenaza externa. Caminaba alrededor de la isla tres veces al día, arrojaba enormes rocas contra los barcos que se aproximaban y, si era necesario, se calentaba al rojo vivo para quemar a los intrusos con el propio calor de su cuerpo.Lo más fascinante de Talos no es solo su fuerza bruta, sino cómo los antiguos griegos lo conceptualizaron: como un ente «hecho, no nacido», con «circuitos» internos —representados por una vena sellada por una clavija de bronce— que transportaban ichor, la sangre divina de los dioses. Esa vena funcionaba como su fuente de energía; cuando Medea, la hechicera que acompañaba a Jasón y los argonautas en su odisea, logró convencerle de permitirle retirar esa clavija, el fluido se escapó y el gigante colapsó, revelando su única vulnerabilidad.En el poema épico Argonáutica de Apolonio de Rodas, donde aparece Talos enfrentándose a los héroes, se describe su aparato interno con detalles que, para los estándares modernos, se parecen más a un sistema mecánico que a un ser vivo. Esto ha llevado a que algunos estudiosos interpreten al gigante de bronce como una especie primitiva de robot: un autómata diseñado para «pensar» o al menos actuar de forma autónoma en su entorno, anticipando ideas sobre máquinas con capacidades propias mucho antes de la revolución digital.La historia de Talos también ofrece una reflexión más amplia sobre cómo vemos la tecnología y la inteligencia artificial hoy. Los mitos antiguos no solo entretenían, sino que exploraban conceptos que seguimos intentando comprender: ¿qué significa crear vida a partir de materiales no vivos? ¿Puede una entidad hecha por manos humanas desarrollar rasgos inesperados o volverse más compleja? Las leyendas de Talos, junto con otras figuras míticas como los sirvientes dorados de Hefesto y las estatuas animadas de Dédalo, nos muestran que la imaginación humana ha estado jugando con estas preguntas desde hace milenios.Más allá de su papel como guardián feroz, Talos encarna la unión entre mito y tecnología, recordándonos que incluso en sociedades antiguas, la fascinación por lo mecánico y lo inteligente ya estaba profundamente arraigada en la narrativa cultural —y que, de alguna manera, siempre hemos estado imaginando nuestro futuro robótico en historias de metal, fuerza y propósito.____________________________________________________________________________________________   No olvides que puedes seguirnos en Facebook.The post El coloso de bronce que anticipó la idea de la IA en la época antigua appeared first on La piedra de Sísifo.