La vicepresidenta segunda mantendrá sus cargos en el Gobierno hasta el final de la legislatura pero da un paso al costado en lo políticoLa izquierda confederal abre una nueva etapa de unidad y “ambición” electoral: “Se acabó el derrotismo” Yolanda Díaz no será la candidata de la izquierda en las próximas elecciones. Lo ha anunciado este miércoles en una carta que ha publicado en sus redes sociales. La vicepresidenta segunda pone fin a una etapa que comenzó en 2021, cuando Pablo Iglesias la designó como líder de Unidas Podemos, y que siempre tendrá como legado haber conseguido unir a toda la izquierda en una misma alianza el 23 de julio para revalidar el Gobierno de coalición. “Miro atrás y estoy orgullosa de todo lo que hemos conseguido”, dice en una misiva en la que envía un mensaje: “Queda mucho por hacer, la tarea pendiente es ganar el país”. La vicepresidenta mantendrá sus cargos en el Gobierno hasta el final de la legislatura pero da un paso al lado en lo político. Su carta de despedida es una férrea defensa de su trabajo como ministra de Trabajo. “Lo hemos hecho con humildad, con trabajo y con un enorme esfuerzo. Hemos conseguido lo que nos decían que era imposible conseguir. Cuando empecé mi desempeñó como ministra lo hice con un objetivo en la cabeza, con un horizonte claro: servir a las trabajadoras y los trabajadores de mi país. Cada vez que he sentido esa fuerza desfallecer, cada momento de duda, cada conflicto, ha sido la brújula de los trabajadores y trabajadoras la que me ha indicado el camino”, defiende en la carta que ha publicado este mediodía en su cuenta de Bluesky. Con esta decisión, termina de alguna forma de consolidar la dimisión que anunció en junio de 2022 tras las elecciones europeas, en las que se apartó del liderazgo orgánico de la coalición Sumar, que entonces intentaba construir un frente de partidos. “Siempre tuve muchas reticencias ante la idea de ser candidata. La política es dura, especialmente para las mujeres, pero no me arrepiento de haber dado un paso al frente”, dice en la carta. “Miro atrás y estoy orgullosa de todo lo que hemos conseguido de forma colectiva y trabajando siempre para mejorar la vida de la gente”, añade. Díaz deja claro que no se aparta de ese trabajo, que continuará en el Ministerio de Trabajo y que seguirá aportando en la nueva coalición. “Voy a seguir haciéndolo, pero hoy quiero anunciaros que no seré candidata a las próximas elecciones generales de 2027. Es una decisión muy meditada y que he comunicado a mis seres queridos, al conjunto de mi espacio político y al presidente del Gobierno”, sostiene. “Di el paso para encabezar Sumar en 2023 pensando en el enorme abrazo de los trabajadores y trabajadoras de nuestro país. Dijimos entonces que sin Sumar no habría gobierno de coalición y logramos revalidar un gobierno que todas las encuestas daba por perdido. Estos días pienso todo el rato que esa fuerza, ese abrazo y ese encuentro es lo que toca construir y defender. Seguiré trabajando en el Gobierno para cumplir con ese mandato de las urnas y avanzar en todo lo que nos queda por hacer”, recuerda. Precisamente el pasado 21 de febrero los partidos lanzaron una nueva coalición que aspira a renovar lo que significó Sumar el 23 de julio. En este periodo han tomado el protagonismo las formaciones que hasta ahora habían considerado que no era el momento de hablar de liderazgos sino de construir un proyecto político. La vicepresidenta se refiere en su carta a ese trabajo y también alude a la conversación despertada por Gabriel Rufián en las últimas semanas acerca de una candidatura que incorpore a la izquierda independentista. “Mientras el Gobierno debe seguir haciendo su trabajo, se abren de nuevo caminos para insuflar de vida e ilusión al espacio progresista. Lo hemos visto el pasado día 18 de febrero, con el debate pertinente y ambicioso que ha abierto Gabriel Rufián y lo hemos visto el día 21 con la confirmación de que el espacio que Sumar puso en pie, sigue con fuerza, vocación de mayorías y voluntad de acuerdo y avance social. Es el momento de ampliar la democracia y de llenarla de sentido y esperanza”, afirma. Y añade: “Eso es lo que necesitamos. Es necesario que esa energía, de la que hoy vemos los primeros destellos, crezca”. Yolanda Díaz se compromete a dar ahora espacio a esos partidos para que sigan trabajando en la línea que emprendieron desde el pasado verano. “Quiero también dar espacio y tiempo para que lo que está naciendo corra con la fuerza que merece, y acompañarlo, cuidarlo, impulsarlo con toda mi energía y con la fuerza que me da la convicción. Y quiero cuidar también el Gobierno de coalición progresista, porque es cuidar la mejor herramienta que tenemos para seguir ganando derechos”, les traslada en su carta. “Me siento muy orgullosa de lo que hemos hecho, pero soy consciente que queda mucho por hacer. La tarea pendiente es ganar el país. Con claridad, con cariño, con ternura, sin miedo. Como hasta ahora”, concluye. La coalición del 23J como legado Yolanda Díaz culmina un periodo complicado al frente del espacio de la izquierda, primero con Unidas Podemos y después con la construcción de su propio proyecto, Sumar, que nunca llegó a funcionar más allá de la coalición del 23J. Queda la estructura orgánica que creó como partido instrumental, Movimiento Sumar, que hoy es una más de las fuerzas de la nueva coalición para las próximas generales. La vicepresidenta segunda asumió el cargo después de un periodo exitoso como ministra de Trabajo. Iglesias la designó como su sucesora cuando dejó el Gobierno para competir en la Comunidad de Madrid contra Isabel Díaz Ayuso, en 2021. La ministra era entonces una de las dirigentes más valoradas del Ejecutivo y de toda la izquierda. La aspiración de Iglesias en aquel momento era que ella se hiciese cargo del liderazgo de la coalición para revertir la caída de apoyos que había sufrido el partido en el último tiempo. Pero Díaz pronto utilizó su liderazgo para construir un proyecto propio, lo que paulatinamente la fue distanciando de Podemos y de su antecesor y amigo, Pablo Iglesias. Para cuando llegaron las elecciones generales, las relaciones estaban totalmente dañadas y el partido de Ione Belarra terminó aceptando entrar en la coalición muy a regañadientes, presionado por los estrechos márgenes electorales que provocó Pedro Sánchez al convocar de forma anticipada las generales. Yolanda Díaz consiguió una unidad que nació muerta. Las primeras tensiones entre Podemos y el resto de partidos de Sumar ya se empezaron a dar al inicio de la legislatura, cuando el partido de Belarra se quedó sin portavocías en el grupo parlamentario en detrimento de fuerzas más pequeñas como los Comuns, Compromís e incluso Més per Mallorca y Chunta Aragonesista. El punto culminante de la ruptura tuvo su origen en la formación de Gobierno. Podemos había puesto la repetición de Irene Montero como ministra de Igualdad como condición para entrar en el nuevo Ejecutivo de coalición. Yolanda Díaz ofreció a Nacho Álvarez, entonces secretario de Economía en la ejecutiva morada, como ministro de Derechos Sociales. Pero Belarra, que a esas alturas ya había perdido la confianza política en su secretario de Estado, rechazó la propuesta. Álvarez dejó la política y Podemos quedó fuera del nuevo Gobierno. Pocas semanas después, anunció su marcha al Grupo Mixto. Los problemas de Yolanda Díaz como líder del espacio siguieron a pesar de la marcha de Podemos. Su equipo intentaba en aquellos primeros meses de legislatura construir un frente de partidos que incluyera a la militancia propia de Sumar y también al resto de formaciones políticas, pero ese proceso generó multitud de enfrentamientos con Izquierda Unida y Más Madrid, también con Compromís. Todas esas tensiones galvanizaron en la conformación de las listas electorales para las europeas, donde los principales partidos de la coalición peleaban por conseguir un puesto de salida en un contexto de retroceso de las opciones electorales. Demasiados partidos para pocos puestos que provocaron una crisis total en el espacio, que se profundizó tras los resultados, con Izquierda Unida fuera del Parlamento Europeo por primera vez desde su nacimiento. Aquella noche llevó a Yolanda Díaz a dimitir como líder orgánica de Sumar para centrarse en su labor de Gobierno, el lugar en el que había cosechado hasta entonces todo su capital político. Su salida habilitó poco a poco el reencuentro entre las formaciones del grupo parlamentario y de Sumar en el Gobierno. Esas relaciones han ido mejorando hasta culminar en el acto del 21 de febrero. La vicepresidenta ya dio pistas de sus próximos movimientos al ausentarse. “Es el tiempo de las formaciones políticas”. Ahora los partidos tendrán que lidiar con un asunto no menor: la ausencia de un liderazgo claro. Con la salida de su principal referente desde hace cinco años, el espacio de la izquierda necesita una cara o varias caras para potenciar la papeleta que vote el electorado progresista en las próximas generales.