Nacida el 28 de febrero de 1946, en San José de las Lajas, Ibarra inició su carrera en el teatro, para luego desarrollar una intensa labor en agrupaciones emblemáticas de la escena nacional antes de conquistar la pantalla grande.Su nombre está ligado de manera indisoluble a momentos esenciales del cine cubano contemporáneo, tras una formación actoral que estuvo marcada por el rigor y la búsqueda constante de nuevos lenguajes expresivos.Desde sus primeras interpretaciones evidenció una notable capacidad para asumir personajes complejos y de fuerte carga dramática; y lo demuestra su debut en el cine bajo la dirección de Tomás Gutiérrez Alea con La última cena (1976), obra que figura entre los clásicos del séptimo arte nacional.A partir de entonces, su presencia resultó habitual en producciones de significativa repercusión artística y social; destacándose el que ha sido considerado uno de sus desempeños más recordados: Hasta cierto punto; película dirigida igualmente por el apodado "Titón", y compañero de vida.Esta cinta, donde Ibarra encarnó conflictos de género y sociedad —hasta ese momento un tanto epidérmicos en la cinematografía cubana— le hizo merecer el Premio Coral a la Mejor Actriz, galardón entregado en el V Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana.Otro hito en su filmografía llegó como parte del largometraje Fresa y chocolate (1993), codirigido entre Juan Carlos Tabío y el propio Gutiérrez Alea; donde la actriz asumió un personaje de notable sensibilidad y fuerza dramática: Nancy, fiel amiga de Diego, un joven homosexual cuyo profundo intelecto resultó secundario y minimizado por una sociedad machista y llena de prejuicios.Nancy no era la primera vez que "salía" a escena, ya que la solidaria y tierna mujer había tenido destaque en Adorables mentiras (1991) de Gerardo Chijona; personaje creado por Senel Paz, y cuyo resultado interpretativo está considerado como una de las más grandes actuaciones femeninas del cine revolucionario.Más allá de tales cintas, la versatilidad de Mirtha Ibarra también ha quedado plasmada en otros títulos como Guantanamera (1995), El cuerno de la abundancia (2008), Otra mujer (1986), Cartas del parque (1988), Aunque estés lejos (2003), Cuarteto de La Habana (1998) y Mujer transparente (1990), producciones que consolidaron su prestigio dentro y fuera del país.Ha incursionado en la escritura dramática y el guion cinematográfico, además de publicar libros y materiales testimoniales vinculados a la memoria cultural cubana; parte de esos textos dedicados a preservar el legado creativo de Gutiérrez Alea; asumiendo también la realización audiovisual de proyectos como el documental Titón: de La Habana a Guantanamera (1928-1996), valioso testimonio sobre la vida y pensamiento del destacado realizador, estrenado en 2008.Premio Nacional de Cine en 2025, la impronta de la lajera se extiende igualmente a talleres, encuentros y eventos cinematográficos; espacios donde ha compartido experiencias con nuevas generaciones de creadores; lo que demuestra por qué su nombre figura entre los que más ha contribuido al desarrollo del cine en la Isla.Recientemente, protagonizó el largometraje Neurótica anónima, dirigido por Jorge Perugorría y escrito por la propia Ibarra; filme que compitió en la edición 46 del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, confirmando la vigencia y capacidad renovadora de la artista a sus 80 años.Cada aspecto de su extensa biografía ha surcado las verdades de cada momento; ya que a lo largo de su trayectoria, Mirtha Ibarra ha defendido un arte comprometido con la realidad social, a la vez que ha respaldado proyectos culturales y acompañado iniciativas en favor del audiovisual; carrera marcada por la coherencia ética y la excelencia interpretativa.En esta jornada de celebración, colegas e instituciones culturales resaltan su legado; y subrayan no solo su talento, sino también su generosidad y magisterio, que, ocho décadas después, continúa activo y creativo.